sábado, 31 de marzo de 2012

Tientos

Cuadricular, uniformar, homogeneizar; he ahí la cuestión. ¿Y los más? Carne de cañón, presas fáciles para los que pueden (por su dinero y por sus influencias) suprimir o añadir, elevar o hacer descender, premiar o castigar. Ahí queda. Y yo que creí que en Europa... la cultura, las aperturas mentales y todo eso. Mentira. Todo mentira.






Ubaldo R. Olivero

lunes, 12 de diciembre de 2011

Mejor con pelos

Me la encontré frente al Liceo. Estaba preciosa., arrebatadora.Con ese cuello tremendamente humano y al mismo tiempo bestia, animal, cuello de gacela, cuello para caer rendido y violentarlo una y mil veces, claro que sí.
"¿Que tal?"
"Yo bien y tú?"
"Ahí, currabndo en un bar del Gótico. Salgo echa polvo de trabajar pero voy tirando"
"¿Nos tomamos algo?"
Se miró el reló y de sus labios escapó ese,
"No sé... Tengo que descanzar hoy... "
Ese No sé desvaido cuando se tiene poco que decir y muchas ganas, cuando se tiene hambre, y por dentro la sangre pulsa, agrede, se manisfiesta como mismo se manifestó cuando aquel homínido de antaño se lanzó voraz sobre la moza tumbada bocarriba dentro de la caverna y lo esperó para espantar con sus gritos a los bizontes de la pradera, como aquel que dice.
"Anda mujer, hace tiempo que no nos vemos"
"Bueno pero solo una. Tengo que descanzar que mañana es fin y curro mogollón"
"No te preocupes"
El caso es que la última vez ella no se había depilado y la cosa quedó que cuando nos volviéramos a encontrar pues que nos íbamos a la cama como fuera. Le dije una y mil vecess que eso no me detenía, y ella que le sabía mal, que se sentiría sucia, que si esto que si aquello y lo de más allá pero sus ojos decían Tengo hambre, Lléname, Sáciame... Todo eso fue lo que vi aquel día.
Nos fuimos a un bar de la Plaza del Pi donde trabaja mi amigo Luis, de Perú. Es un bar un poco tristón pero la parte cálida del asunto la ponen mi amigo Luis, y Diego, su compañero, y cuando no es Diego ni Luis está el muchachote ese de Senegal, ahora se me fue su nombre de la cabeza. En fin... que birran van y birras vienen y en eso que me acuerdo y la tanteo. Ella dice que va un momento al lavabo y Luis me mira como diciéndome,
"Esta ya cayó. Ya es tuya"
Llega del lavabo y pide un chupito de Tequila, que para entonarse, me dice. Yo no acabo de caer pero al momento añade,
"Bueno, hoy no estoy bien porque..."
"No me importa". Me le adelanté.
"¿En serio que no?"
"Pues no. Además eso me excita muchísmo y hasta creo que tanta modernidad termina por matar ciertos instintos y plastificar"
"Eres un caso chico. Vamos anda, antes de que me arrepienta"
Y nos fuimos para su hermoso ático y desde allí nos entró la luna por la ventana y me sentí el más feliz de los cazadores cazados.


U. R. Olivero





lunes, 21 de noviembre de 2011

Cuestión de gaviotas

No ganó la derecha, que quede claro desde ya. Ganó la pecaminosa ignorancia. Y más que ganar la ignorancia ganaron ciertos programas de televisión de según que cadenas insulsas, ridículas, cuyos tertulianos y tertulianas no pueden hacerse visibles si no es dejando en los platós y similares los vómitos que salen de sus gargantas, "del cerco de los dientes", diría el bueno y santo de Homero.


Cuanta más ignorancia se expanda, mucho mejor, mejor se les manipulan y entretetienen con promesas a esos que van al estadio a gritar su jugador favorito. Siempre fue así (ya lo dijo el grande Juvenal en la Roma de ayer) pero hoy esos poderosos que acaban de ganar tienen a su favor el insulso dulce de la velocidad, las imágenes bobaliconas y a veces muy tristes en la pantalla, el traicionero gesto de prometer algo cuando en ese mismo instante su pensamiento vuela por otro páramo, que quedará Dios mío cuando ya hayan acabado de repartirse y zamparse todo el pastel y se vayan con su música de fondo a otro lugar para repetir la misma o parecida colonización. Que triste!


Y cuando pasen estos años de mandato correspondiente y los asuntos públicos no hayan prosperado en ningún sentido, los mismos votantes de ayer serán los que continuarán el juego de los nuevos Dioses que vendrán con sus millones de palabrejas promisorias, hasta que ya no podamos más y todo esto se haya ido pal carajo, como aquel que dice, y para entonces, el Kilimanjaro tampoco podrá llorar su nieve ni reclamar un escaño en la naturaleza pues ya será tarde. Sigamos durmiendo, es lo que nos merecemos. Y mientras tanto el avecita esa que tienen como logo, tan mona y libre por los cielos, habrá emigrado a otros continentes y para entonces quizás solo podamos percibir, como peligroso espejimo, una rapaz al acecho de un niño desprotegido por el hambre y la miseria como en la foto de Kevin Carter. Que Dios nos ampare.








U. R. Olivero


martes, 8 de marzo de 2011

La historia del constructor de puentes

Scott Waring ha perdido a su mujer. ¿Podrá Scott Waring recuperarse un día, de una vez y para siempre, de esa pérdida? La amaba, y como esos amores que aunque nos abandonen nunca nos abandonan, Scott Waring intentará atrevesar ese desierto del dolor al que lo han obligado la gente de la Gestapo, los de la SS al comienzo de la Primera Guerra Mundial, e intentará empezar de nuevo, intentará borrar el horrible pasado (pero nunca olvidarlo, eso nunca) al que los de la SS nazis lo han encadenado. Y lo conseguirá. Pero para conseguirlo ha de viajar mucho con él mismo, y más allá de sus intenciones por cerrar la herida. Scott Waring al final se convence de que los que nos hace verdaderamente fuertes y nos salva es empezar de nuevo, una vez más, porque mañana, como dice un amigo mío de una isla del Caribe, el sol sale mañana y nos alumbrará, y cuando llegue la noche de mañana, al día siguiente el sol volverá a salir. Y ahí estará esperándolo a Scott Waring, Janet. Y Janet querrá también olvidar lo que le sucedió a los 11 años en el campo de concentración de Dachau. Juntos comenzarán otro camino de liberación, otro camino de salvación, otro nuevo nacimiento. Hermosa y triste y grande historia de Howard Fast, el escritor norteamericano muerto en 2004, pero vino y se quédó para siempre con nosotros porque nos dejó sus obras. Obra importante La historia del constructor de puentes. Léanla. Entren en ella. Y cuando salgan de ella ¿creen que serán los mismos? No lo creo. Con las buenas obras sucede lo que con las aguas de un río, que pasan y ya son otras y nosotros otros y el río otro.
Ubaldo R. Olivero

jueves, 3 de marzo de 2011

Diálogos

Están ahí, frente a un estante del FNC, y ella le dice agarrando un libro que se llama Paradero desconocido,
"Mira, este libro mola cantidad"
"¿Si? ¿Es policíaco?"
Ella,
"No, va de los nazis. Mira te lo puedes leer en quince minutos, se lee rápido. Te molará"
"¿Pero es muy corto no?"
"Ya pero es bueno y sencillito. Yo me lo leí de un tirón"
"Bueno me lo compraré. Si tú me lo recomiendas..."
Ese diálogo estúpido me sorprendió. Me pregunté si esos dos mequetrefes sabrían leer y qué entendían por leer. Me asusté. Estamos en manos de alimañas así. No me extraña que funcionen tanto los libros de autoayuda y según que programas en la televisión. Carne de cañón esos pobres.
Lo jodido de todo es que lo tienen demasiado fácil. Si les quitáramos la red que tienen debajo habría que ver si se arriesgan a ser funambulistas en esta jungla. No sabía que un libro fuera corto o largo dependiendo del número de sus páginas. Primera noticia. Que lástimas de que por todos lados esto esté lleno y rodeado por energúmenos de ese calibre que, los pobres, en el fondo no tienen la culpa de serlo ni de haber llegado hasta esa poco seductora orilla del río del vivir. Me siento solo y triste. ¿Qué podemos hacer? No se me ocurre nada. Mañana Dios dirá pero mientras tanto la lepra se extiende y va mutilando poco a poco muchas partes del cuerpo mental, de las neuronas que reclaman salud, de la poesía que todos, de una forma u otra, llevamos dentro.
Ubaldo R. Olivero

martes, 1 de febrero de 2011

Anónimos?

Allá en Playa aprendí a tener, como aquel que dice, ojo de águila. Por un lado me obligó la terca necesidad, madre virtuosa que bien enseña, y en poco tiempo, lo que se ha de evitar aprender toda la vida pues tiempo no hay para tales menesteres.
Sea como fuere, sí que sobrevuelan por mi magín dos o tres nombres, Ana Margarita, por ejemplo, de la Casa de Cultura de Mayarí, que me mandó a Playa algunos libros y que siempre agradecí pues bien que esos libros me ayudaban a nadar contracorriente cuando se terciaba y me aburría. O a Soe, mi buena amiga de Cabal, que me decía "Mira, te dejo este libro. Cuéntame cuando lo termines qué te parece. Ya sabes que mi biblioteca la tienes abierta siempre" y me iba con el libro para la parte de la playa, debajo de las uvas caletas, y ahí me pasaba mis buenos ratos, de viaje, fantaseando por los nortes y los sures del mundo, que bueno era viajar sin moverte. Y al mismo tiempo afilaba mi lengua para cuando me tocara entrarle a las pepillas y rendirlas en menos de una hora, antes de que llegaran a la fiesta de la guagua de la música los otros buitres, vamos que como decíamos por allá "Oye socio, si eres rápido entonces puedes vivir en el oeste" y esos verbos que aprendía, en esas facilidades con ponerle a las palabras la música necesaria, me salvaron más de una vez, y eso no se puede pagar con nada.
Llegue hasta esas buenas amigas mi más sincero abrazo, y ojalá podamos vernos el año que viene si viajo a la isla. A ver si todavía se mantiene el Concurso de relatos Lengua de Pájaro. Obra humilde de mi gente de allá que me merece muchísimo respeto porque son capaces de con casi nada, hacer milagros de los buenos, de los que tampoco se pueden pagar, sí bendecir y estimular para que se mantengan ahí, en el yunque, como buenos forjadores. ¿Anónimos del todo? No del todo, más allá del ojo siempre hay otro ojo que nos ve y estamos a la par.
Ubaldo R. Olivero

viernes, 28 de enero de 2011

Cajimaya tampoco se acaba

En aquellos días yo también era dichozo, y cerca de casa pasaba un río. Un río un poco pobre de corriente pero nos entusiasmaba cuando crecía los días de lluvia (hay ríos que pueden crecer de otra forma, sí) y nos íbamos para el puente a lanzarnos desde ahí a sus aguas revueltas. Desde casa mamá me gritaba que tuviera cuidado, que no me lanzara, que podía poasarme esto y lo demás allá, pero es que mamá era un poco aspavientosa, solía exagerar. Años más tarde me acordaba de Daniel el Mochuelo en El camino, que no quería irse de su campo, de su gente, y comprendía bien sus historia porque se trataba de una historia que leía la mía, los libros buenos de verdad nos leen y se quedan en suspenso para que tu completes lo que a primer nivel nos parece que les falta, pero cuidado, suelen engañar no pocas veces, siempre hay algo más que nos tienta pero no sabemos bien de qué se trata. En aquellos días yo era feliz, hoy puedo reconocerlo abiertamente, lo reconozco abiertamente. Y no sé si hay algún lugar en el que uno pueda volver a vivir situaciones parecidas (no, no es pesimismo, de veras que no lo es), lejos un poco de esas vulgares tiranías y ruídos que infectan hoy el poco sosiego que uno intenta encontrar. No las mencionaré. Sabemos cuales son así que para qué mencionarlas. Bueno, escribo estas breves líneas porque ayer fui a cenar a casa de mi amiga Gemma y en algún momento sobrevoló cierta novela de cierto autor cuyo título parafraseo porque ese autor parafraseaba al autor de Adios a las armas y Un gato bajo la lluvia. En fin, que pensé "Coño, mi Cajimaya si me pongo tampoco se me acaba" porque allí fui rico porque fui pobre, y sobretodo fui feliz.
Ubaldo R. Olivero

martes, 4 de enero de 2011

Hatuey

Llegaron y le preguntaron si todavía creía en el hombre
y le enseñaron los leños muerto de la futura hoguera
y eso le dio miedo
pero vio alrededor todo lo que el hombre había hecho y se asustó aun más y creció su miedo
lo amarraron a un un poste
le mostraron una cruz y le dijeron que la besara para salvarse
y su miedo no le dejó mover los labios
ni el corazón
ni la sangre quería fluir por sus venas
ni su vida pasada volver a creer en el más allá.


Escupió con rabia en la cara del sacerdote.

Otro prendió los leños y la hoguera vivió
y él con ella.



G de H

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Navidades

Su Santidad, las Navidades, me incomodan un poco. No se trata de que la gente sienta necesidad (o la necesidad los necesite a ellos para que se dejen los pocos ahorros en menudencias y velas de poca navegación) de ganarse un trocito de paraíso, ni de que aquel o aquella que vivió en disgusto con la familia todo el año ahora encuentre el pretexto de trabajar esas arrugas, ni de que al humilde con escasos posibles que salta de metro en metro le echen una monedita en el vaso para el mínimo sustento, ni de que las cancioncitas de turno emocionen al más duro de cuore (o de oído) y ahora se ablande un poquitín, nada de eso. Es el montón de boberías que se venden y el millón de estrategias de los comercios y los anuncios donde salen caras de niñitos y niñitas implorando que muestres tus debilidades porque tu también eres humano y te diferencias de los otros animales con deferencias, y gestos de mucha fe, una migaja sobre otra. Y las luces esas con que infectan a la ciudad ¿No eran las mismas cuadriculadas del año pasado? ¡Uniformados de todos los países, uniformaos! Si su Santidad Jesús despertara (si de veras existió) dios, se llevaría un susto tremendo. ¿Se volvería a morir por segunda vez y el Poncio Pilatos de turno sería el Belén ese que han montado ahí frente a La Generalitat? Por cierto el otro día pasé y vi seis sillas en la famosa cena ¿se las robaron o la crisis permite el dos por uno y las otras son invisibles?
Ubaldo R. Olivero

jueves, 18 de noviembre de 2010

Zelda y Fitzgerald

Helos ahí tan románticos y tan perdidos, porque a veces para salvarse hay que perderse aunque nos pese mal y sepamos o intuyamos en las riberas que allá, al fondo de no se sabe qué, la ilusión de saber que defendimos un sueño está ahí y se mantiene. Y si el mismo sueño no cumple con su parte y nos convierte en sus eternos deudores, eso importa poco si detrás quedó la estela de lo que nuestro corazón esculpió (o intentó) más allá o más acá de la sombra de la época que nos tocó vivir.
Buen retrato de Kyra Stromberg (crítica, ensayista, traductora), conocedora muy avisada de la literatura en lengua inglesa. Buen retrato el de estos dos grandes artistas, estos dos grandes malabaristas de las palabras y el alchool y de la vida con sus miserias y sus riquezas del omnipresente sueño americano.
Amigos como el muy competente crítico Edmund Wilson, Ernest Hemingway, John Dos Passos, estuvieron ahí y lo vivieron. Fitzgerald se fue pronto, a los 44, y ella, Zelda, poco después, y de aquellos terremotos vitales, nos dejaron obras para más de dos vidas y mucho más diez. ¿Lo que nos queda? Seguir en sus libros y continuar aprendiendo de ellos. Lo demás es paisaje.



Ubaldo R. Olivero

sábado, 13 de noviembre de 2010

Lo que la música puede

La música, hasta cierto punto y a veces un poco más, puede alcanzar lo que el pensamiento demasiado correcto y en exceso rectilíneo, no puede conseguir. Si el cuerpo se mueve se mueven las ideas y viceversa. La música tiende a corregir (para el bien de nuestros flujos interiores) lo que de malo pueda haber en nuestro modo de comprender el mundo y nuestros modos de enfrentarlo. A ciertos poderes les interesa que la gente no discurra, o sea que sus ideas bailen, o sea que alguien, pacientemente y sopesando pros y contras, llegue a un punto determinado, cuestione cosas, niegue a una bandera para defender todas las banderas, como aquel que dice. La música es el ejercicio del interior para escapar sin huir, para dar el paso sin temer, para pensar que al otro lado no todo ha de ser oscuro porque no vemos la luz a un primer movimiento de los ojos, del pensamiento de los ojos. No son pocas las veces en que uno se siente perdido, como se sentían muchos por allá por la Edad Media, y necesita creer en que algo, por poco que sea, no está definitivamente perdido. Pero... ¿qué pasa cuando nos empeñamos en que las anteojeras nos impidan mirar para un lado y tratar de ver allí lo que en frente no se nos manifiesta? ¿Qué sucede cuando borramos y negamos los matices que componen el arcoiris de los detalles y creemos que no puede transformarse un hexágono en un círculo si pulimos un poco sus aristas? Pasa que las ideas del cuerpo y el cuerpo de las ideas no se encuentran y el río desaparece para imponerse como pantano. Y los pantanos ayudan poco a la hora de seguir el curso de una determinada corriente (la que sea) y suelen limitar sus límites y cuadricular el círculo. Somo hijos de Natura, madre no poco verdadera y menos legitima que la que nos trajo y nos amamantó cuando asomamos a este lado. Lo que Natura (o sea la música que en ella se manifiesta un día sí y otro también) no nos comunica, no nos pueden decir ni comunicar las rígidas posturas y envoltorios de ciertos poderes empeñados en que la gente tire del carro sin mirar para un lado ni para otro, y mientras tanto, la fábrica de maniquíes hace su agosto y las multinacionales influyen y hasta determinan. Recuerdo al poeta "Oh Roma / en tu grandeza / huyó lo que era cierto / solo lo fugitivo permanece y dura". O sea que bailemos para que discurramos y la música nunca deje de ser aquello que fue en un principio: ciencia del espíritu y altar y danza de las emociones. Lo que fue, todavía puede seguir siendo.




Ubaldo R. Olivero


martes, 9 de noviembre de 2010

La historia de Enrique

Se titula El escritor porno pero ya le dije a Enrique, su autor legítimo, que no llena ni alcanza ese título las páginas efervescentes de su historia. Son más de 300 páginas pero muy bien conseguidas. No sé por qué tengo la impresión que de mantenerse ahí, en el yunque, una palabra detrás de otra, y habiendo leído lo que ha leído, sus historias llegarán lejos. Y yo estaré ahí para disfrutarlo y brindar los dos, con Sol y Esther, lectoras inmensas y platas de buena ley, por aquella famosa generación perdida que se perdió para que nosotros la encontráramos, que sembró para que nosotros recogiéramos una buena cosecha, y de ser posible, y con mucho trabajo, sembráramos a su vez otras semillas. Ya Enrique sembró una y andan por ahí por su casa tres o cuatros historias que más tarde o más temprano llegarán a donde tienen que llegar. Y muchos lectores se sentirán que no lo han estafado con envoltorios llenos de brillantinas y bagatelas. La leí y me gustó mucho y sé que tendrá un buen viaje, de esos viajes que nos llevan y uno no sabe por qué ni cuándo se pierde aquí para encontrarse en otros lados, pero uno sabe y siente que se siente bien. Lucía, esa visiocilla de la novela, Darío el poeta, Alonso, el santo de Matías con sus buenas borracheras, porque Matías es un santo, si señor, un día llegarán a muchas casas y le darán calor, lo intuyo. Felicito al autor Enrique Castro, por ese feliz logro y en espera de otras cosechas dentro del Carpe Diem donde se mueven, entre trajín de bebidas y parroquianos vivos y siempre sedientos, Vanesa, la buena de Fuensanta allá dentro entre los fogones, Estrella... en fin, que ya los conocerán ya. Cualquier día se les cuelan en casa y yo me alegraré de que así suceda. Y Pedro edificará otras iglesias con palabras.






Ubaldo R. Olivero











miércoles, 3 de noviembre de 2010

Playa Manteca


A veces los más de 35 grados Celsius no nos dejaban tranquilos. Ese insoportable calor nos quería matar las esperanzas pero los libros nos ayudaban a seguir creyendo en ellas. Es cierto que no todos los que estábamos allí leían; algunos jugaban a las damas o a los dados, cuando había un tablero de damas o alguien sacaba de cualquier escondrijo un juego de dados, porque los dados estaban prohibidos y si nos agarraban jugando a los dados eso significaba casi un mes de castigo en la celda a una sola comida diaria y en ocasiones a horarios irregulares, era un modo de ablandar tu anarquía y someterte. A pesar de todo, aquellos años que pasé en la prisión de Playa Manteca, puedo considerar que fueron años felices, si podemos entender por felicidad que te asomas a tus abismos, sopesas tus fuerzas y resistencias, y te creces en serias dificultades, conoces el hambre, eres leal a tus amigos y ellos son leales contigo, aprendes a salir de ti más allá de los barrotes y la tiranía de los funcionarios de la prisión. Nos llevaban al comedor por un cepo metálico y nos daban poquísimo tiempo para comer, si comer se le puede llamar a engullir en unos escasos minutos, el poquito de arroz, o la cucharadita de maíz, o el trocito de dulce de membrillo que cuando menos nos lo imaginábamos nos daban como postre. Ese día era una fiesta para nosotros porque nos llevábamos el dulce de membrillo para el bloque y trocito a trocito íbamos engañando al hambre con vasos de agua y así hasta el nacimiento del otro día, como aquel que dice. Mi prima Elenita me llevaba muchos libros y con las lecturas de esos libros, de esas interminables novelas aprendía, como aquel que dice, un mundo de cosas, y aprendía también a evitar las millones de faltas de ortografía que tenía. Si digo que los libros me salvaron la vida, no digo mal no. Me la salvaron. Y aquí estoy, con esos fieles amigos desde ayer para siempre, y con la esperanza de que algún día no existan sitios como Playa Manteca, o Dos Bahías, O Kilo 7, donde pasé años difíciles. Menos mal los libros que me llevaba mamá, y los que me conseguía la prima Elenita. No sé que hubiera sido de mi allí sin esos lealísimos amigos. Ahora leo El sueño del celta y todo apunta a que Vargas Llosa se mantiene entre los más grandes de la narrativa de todos los tiempos. Salud!







Ubaldo R. Olivero










jueves, 28 de octubre de 2010

Papers de diari

Fueron bastante gente a la presentación del libro de artículos de Tomàs Arias. Y hubo risas porque fue una presentación de andar por casa, sencilla, como las pantuflas, que después de andar uno todo el día calle arriba y calle abajo va bien acomodar los pies en algo que refresca y tranquiliza, y así fue la presentación y los artículos que se leyeron, pues estos dilataron las expresiones, la hosquedad de algunos rostros que llegaron como preguntándose A ver qué nos van a contar estos. Y en efecto, los artículos que se leyeron tenían su guasa, y hacían pensar en que eso que aparentemente no decía nada porque eran textos como de andar por casa, sí decían sí. Para estos tiempos tan caros a dejar que las rigideces se relajen un poco van bien lecturas así. La seriedad constante no es buena consejera del mismo modo que tanto sol no es positivo para el cultivo sereno de las células grises. El amigo Tomàs se traslada con hábil facilidad de un tono menor, digamos, de un detalle nacido en casa, puertas adentro, a una imagen que sacude un motivo cotidiano, y que por nosotros obviarlo y quizás darlo por hecho con demasiada facilidad, se nos escapa su matriz, la semilla donde tal vez se originó, la mina en la que incubó esa cotidianidad que nos parecía, en un principio, sin importancia. Pero he aquí que el poeta Tomàs (Tomàs Arias es poeta) viene, se vale de una imagen sencilla y pinta con color y sarcasmo, una perla del día a día que nos parecía sin vida y sin relieve. Y para ello nada como la sencillez al escribir, en vez que generalizar y radicalizar con énfasis, ronda la posible fuente de una acto, el que fuere, de una noticia, la que fuere, y alcanza, de ser posible, algo de la luz que todo movimiento tiene por muy escondida que tenga esa luz y nos parezca que no porque a simple viste así nos lo parece. Matthew Tree pintó con magisterio las palabras y los gestos y no porque pensara en la costumbre que ya tiene frente a las cámaras (no sé si en esas lides continuará, no tengo tele) sino porque en cuestiones de abrillantar un detalle al muchacho le fluye bien y sabe lanzar la flecha sin perder el brazo y el arco. En fin, que me lo pasé de maravilla ese rato. Había por allí por la barra un plato con unas croquetas que a cada rato me provocaban un abordaje y no me lancé no, en otra estación será.








Ubaldo R. Olivero



martes, 26 de octubre de 2010

Siete maneras de vivir una historia

Abreviar aquí la historia no sería rendirle saludable justicia pues si un libro tiene 217 páginas bien medidas (medidas abiertas) es porque sencillamente conseguir ilustrar lo que narra valiéndonos de un aforismo, o un adagio, o una sentencia, es innecesario, poco añadiríamos y poco favor le haríamos a la santa bendición del libro y la hermandad de los protagonistas de la historia, a sus soles y a sus noches. ¿No comienza un buen libro allí donde terminan sus páginas? Los buenos sí, los muy bueno pueden eso y pueden muchísimo más y Siete maneras de matar a un gato tiene más de siete maneras de considerarlo no solo bueno sino excelentísimo ejercicio de narrar y provocar que uno sienta la poesía incluso cuando se hable de los más feo, de lo que nos envilece y nos hace caer, de lo que nos quita brillo y nos empequeñece. Se habla de los bajos fondos, de un territorio de muchas miserias, y por las noticias que da el Gringo, el narrador, uno siente las alturas de la poesía, y la cobija que la ley debería ofrecer y no hace, y la bendición de los desheredados que viven y aman en el corazón de la tormenta, por ejemplo en el bar del Gordo Farías, con su hijita de buen fuselaje y picarona, Yanina, donde el Gringo y la Yani, en ese capítulo erotísimo, "Como perro y gato", jugando a bautizar el mate con ginebra La Llave trascienden el hecho y ni siquiera el 38 que lleva el Gringo puede parar el terremoto de esa pasión que ya tenía su horizontes en otros cielos del deseo. El Gringo bien sabe que si no aprovechaba la ausencia del Gordo Farías mientras laburaba en el bar, la ocasión podía tardar. "El barrio, el hambre, el destino, el miedo... De alguno de esos brutos somos hijos. Y da lo mismo, son todos padres feroces" Jodida vida esa pero está la lealtad del Chueco y luego su redención con las hostias del plomo que se lo lleva; la lejanía en la mirada del Turco Zaid que vigila su perro en la pared, o el perro al turco; Y Mamina, paciente y cariñosa; Quique llorando a su hermanita pero confidente fortaleciéndose; y Toni y Cecilia ¿qué pasó entre Toni y la madre del Gringo?; y esa pelea última donde la gendarmería montará su carnaval de tiros mientras los de los bajos fondos, los pobretones felices en su vitalidad, se arman con lo que sea para defender su trozo de paraíso, el color de sus religiones y zonas, cada cual en su lugar y luchando por su merca y su poco de vianda para esperar el nacimiento del otro día. Vaya!, que buena historia, que bien contada y que vuelos alcanza en las metáforas para decir sin señalar lo que el lector medianamente atento capta con el rizo de las imágenes conseguidas, efectivas en su cómo y en su plasticidad. Tendrá una larga vida Siete maneras de matar a un gato, lo sé. Tiene todos los ingredientes para su triunfo a largo plazo. Para este lector, que se ha emocionado en muchos momentos, y en no pocos se ha reído con las burlas inocentes y no tanto a Moby Dick, y otros pasajes fuera de la ballena, la novela de Matías Néspolo ya figura entre sus libros preferidos como una obra de respetadísimo nivel y prestigio. Y no por lo que cuenta y como lo cuenta con admirable destreza sino por su sencilla humanidad sin descender a las cavernas de las moralejas blandas ni a la sociología que se viste de alpaca para venderse como plata de buena ley. En buena hora. La celebro.







Ubaldo R. Olivero





lunes, 25 de octubre de 2010

Un cuento hermoso

Yuko Akita ha cumplido su sueño. Ha logrado la perfección del sueño, la perfección del amor, si es que en el amor (palabra que odiaba y desterraba la gran periodista y escritora que fue Oriana Fallaci) pueden contenerse tales perfecciones. Suelen desbordarse tales perfecciones por caminos llenos de tinieblas, y de bondades extrañas y caprichosas donde lo que cabe e impera es el reto de conseguir llegar, de conseguir sonrojarse por el hálito que encierra una caricia, que oculta un beso en la mejilla, que impone un silencio más allá de su propio silencio. El maestro Soseki al fin encontró a la muer que un día perdió y se quedó con ella en ese cristal de hielo, descansando a su lado para siempre, joya sobre joya, poesía sobre poesía, sueño sobre sueño, ahí, en el cristal que ya la nieve no podrá empañar porque los dos amores han tejido su destino en los Alpes japoneses para el resto de la eternidad. Hermosa fábula. Fina transparencia de hechos que apenas se mueven dentro de la ficción pero que tocan, no enmudecen cuando no deben de hacerlo y sí en enmudecen cuando deben y lo exige la trama de Nieve. Hermoso cuento para leer cerca de un río, cerca de la persona amada, cerca de aquellos/as que alguna vez fueron parte de nuestro equilibrio como funambulistas en el corazón de una pasión que nunca quiso morir ni debió y sí cumplir ad infinitum su verdadero sacerdocio de mantenerse en el hilo de la felicidad (siempre por conquistar y ahí radica, digamos, su precioso diamante en bruto, siempre por conquistar) pendiendo del brillo de un poema, del filo de un haiku, del puente que tiende una pintura cuando está hecha con los pinceles que la realidad convencional no puede ofrecer. Librito para dormir al raso sin temor al frío, fueren los inviernos que fueren.







Ubaldo R. Olivero









viernes, 22 de octubre de 2010

Pulsiones (2)


No lo sabremos nunca

porque nuestros deseos y nuestras ambiciones no nos dejan verlo
y nos dice Deténganse un poco
pero no lo hacemos por las prisas
y no sabemos que hace mucho está enfermo
que ha envejecido sin motivo suficiente
sin compañía
sin causas de fondo
y al no detenernos cuando nos llama
lo estamos ahuyentando, diciéndole que se vaya
que no lo necesitamos
y eso no es cierto
al corazón le duelen esos ataques
y lo peor no es que se ahogue con dolor
lo peor es que su dolor nos dolerá después cuando nos despertemos
cuando comprobemos su ausencia
y no podamos vivir sin sus canciones
asesinadas por un Dios artificial.






Ubaldo R. Olivero


domingo, 17 de octubre de 2010

Graduación de 6º grado


A mi amiga Gemma Márquez, cerca del río


Ahí está mi buen amigo Ubo en su graduación de 6º grado. Se le ve feliz recibiendo su diploma de manos del maestro Canito, su maestro de matemáticas. En aquellos años era un diablillo, me dice con una sonrisa, brotándole pícara.
"¿Sabes?, cerca de casa pasaba un río y los fines de semana nos juntábamos unos cuantos para tejer y destejer montañas de travesuras en el río, ahí mismito al lado del puente, a un tiro de piedra de la casa del maestro Danilo, el de Historia, el que ves detrás. Mamá decía que cualquier día se levantaba con el moño torcido y me mandaba con papá. Yo quería que me mandara con papá porque con papá sería más libre de hacer lo que me diera la gana. Y así podía estar todo el tiempo con mis primos... En la playa de El Tiburón, por allá por Caval, y de cuando en cuando tratando de llegar a El Cayito a nado, el miedo era que por el camino nos sorprendiera un tiburón y no llegáramos y no lo contáramos de vuelta"
"¿Y el otro?"
"Ah, el otro es el maestro Abel, el de Física, si mal no recuerdo"
"¿Los viste cuando fuiste?"
"A Canito si, a los otros no porque se habían mudado y ahora viven en la provincia"
Mi amigo Ubo quiere volver pero no está seguro que de irse no le puedan complicar allí la vida. Los militares. Que lo militares tienen allí demasiado poder, dice. Lleva mucho tiempo fuera y ahora es el extranjero, el enemigo que se ha contaminado de las ideas y las materialidades del capitalismo, para mi amigo excesivas materialidades.
"¿Ves a la gente? No toda le gente claro, pero una gran mayoría. Algo dicen en sus expresiones y en su modo de mirar que están tristes. Y al mismo tiempo te dicen que no saben qué hacer, se les oye el grito pero ellos no pueden escucharse a si mismo porque los muchos ruidos de fuera y de dentro no les dejan escucharse, pero se sienten perdidos y lo saben aunque no sepan bien bien de dónde les viene esa pérdida. Yo creo que les falta tener un río cerca, eso ayuda"
"¿Te volverías?"
"Creo que sí"
"¿Para siempre?"
"Creo que sí"
"...
"Un río cerca es importante. Las ideas fluyen de otro modo, no se vuelven pantanos, no se convierten esos pantanos en tus enemigos. Un río ayuda a sosegarte, parece que no pero sí"
"¿Estás decepcionado de lo que te encontraste en Europa?"
"No, esa no es la palabra, por lo menos no para mi. Creo que me siento traicionado, y tampoco sé bien si es esa la palabra. Tengo ganas de volver y quedarme un tiempo largo por allá"
Mi amigo Ubo vino hace muchos años. Y le gustan los libros, sobretodo la novela del XlX, aquellas historias que competían con la realidad y la superaban y volvían esa realidad menos miserable, son sus palabras. Le dije que no se impacientara, que al final, todos los ríos llegan, de un color o de otro, de una corriente o de otra, pero un día llegan. Y se sonríe, como en la foto, como diciéndome,
"Bueno, me sentaré a esperar"




Ubaldo R. Olivero






sábado, 16 de octubre de 2010

Mi amigo Guzmán de Holguín


La guerra de mi amigo

No sé si mi amigo Guzmán de Holguín estará bien de la cabeza. El dice que habrá una guerra. Y que pronto. Le digo que no sea pesimista pero mi amigo insiste, que sí. Que quiénes se alistarán en esa guerra, le pregunté.
Me dijo el otro día,
"Mira, yo lo he soñado más de una vez y más de dos"
"...
"¿No me crees? ¿Te piensas que estoy loco? Pues te equivocas? No lo estoy. Está claro que pronto se lanzarán a la calle los que tienen posibilidades y los que no. Los que miran al sol y no le creen, y los que siguen creyendo que el sol estará ahí toda la vida. Los que se despertarán seguros de encontrar su plato vacío y los que no estarán seguros ni siquiera de encontrar el plato. Los que amurallen sus casas por temer, y los que ya no temerán a nada...
"...
"¿Me oyes? ¿Te piensas que estoy mal de la cabeza? No lo estoy. Lo he soñado muchas veces y lo estoy viendo. Falta poco. Tiempo al tiempo"
Me fui para casa creyendo que al otro día se levantaría menos alegre. No sé porqué lo pensé así, que se levantaría menos alegre y viendo enemigos por todos lados. Luego pensé en Bibiana. Bibiana decía cosas parecidas y esos mismos enemigos que creía ver por doquier un día le asaltaron la cabeza y la sedujeron para que se subiera al terrado y se lanzara al vacío con el DNI en las manos.
Me acosté pensando en mi amigo. ¿Sería la cantidad de cervezas que se tomó en El Pato Loco? Lo vi tomarse dos nada más. No sé, puede ser que tuviera otras cosas dentro, no sé. El caso es que últimamente estaba con esos ecos golpeándolos dentro y creo que no sabía cómo quitárselos. No sé si lo sabía, si era consciente de esos ecos. Llamé a Vero.
"¿Está bien?"
"Si, ¿pasó algo? Llegó y se encerró a escribir una carta, dijo que tenía que mandarla urgente mañana, a primera hora"
Pero ese día no llegó porque mi amigo no se despertó nunca. Al lado de las cuatro líneas que había escrito tenía el DNI. Transcribo esas pocas líneas en honor a mi amigo Guzmán de Holguín. Vero me ha dado permiso.
"Está cerca y como estamos dormidos no nos damos cuenta, y ellos, como no son bobos, se aprovechan de que estamos dormidos. Cuando llegue la hora nadie podrá distinguir a nadie porque será de noche y de noche todos los gatos se parecen. Y esa confusión les convendrá a los enemigos. Falta poco. Yo espero no estar cuando lleguen"
Y al otro día no amaneció. Vero me pasará unos cuadernos que dejó escritos.



Ubaldo R. Olivero





viernes, 15 de octubre de 2010

Pietro Aretino (1492-1556)


Caso X

para que follara a Giulia; mas su miembro desusado,
la mató de quebranto y de placer.
¿Utrum qué crimen se debe establecer?

Resolución X

Ergo, si es la polla la matona
no hay delito, y el mezquino,
en consecuencia, no es un asesino

¿Son de Pietro Aretino estas delicias? ¿No son? Según Mirko Visentin, que comenta los Dubbii amorosi y que según otro, un tal Larivaille, sino son suyos son de su escuela. Ahora que si se crea una buena escuela lo que hagan los alumnos, si bien hecho está y no desmerece en calidad y en desafíos, vale casi como si llegara de manos del mismo maestro. Lleno de grandes fantasías y entre pollas van y culos vienen, y frailes y adulterios ahí van las perlas que Pietro Aretino nos lanza, despojadas de todo artificio y llamándole al culo culo y a la polla polla y al coño coño, y todos sus versos en constante muda para anclar y quedarse dentro de la bahía del líquido (casi se siente, y ahí están las tintas de Perico Pastor, buenísimas) y hacer gozar dentro y fuera, como aquel que dice. Y que juzgue quien quiera que para eso la moral aquí no cuenta, antes cuenta el goce, la carne por la carne, el acércate que te la hinco monjita, así de sencillo. Declaraba por aquellos picantes años el bueno de Pietro "¿Qué más podría desear si con mi pluma y unas cuartillas me burlo del universo?" Bien hecho Pietro, bien hecho, y al que le duela, pues que le den un masaje y espere a calmar el dolor, esa gran fuente de sabiduría. Las 21 tintas (si no he contado mal) son una maravilla. Con trazos sencillitos no solo ves en escorzo lo que viene de frente, cuidado que si no te apartas, se te viene encima el hambre del hambriento con su sotana abierta y el alzacuello sin las rigideces de ningún Dios. Vamos que no únicamente estimula el oído del oyente, salta también la barrera el toro de las ganas y arremete con lo que se ponga por delante, vagina o polla. A la salud de esas octavas paganas llenas todas de benéficos paraísos.




Ubaldo R. Olivero


martes, 12 de octubre de 2010

Boris Vian de regreso

Boris Vian
Vercoquin y el plancton


Librito hermoso, risueño, habitado de soñadores, de románticos que quieren agotarlo todo de fiesta en fiesta, de pícaros que abren y cierran sus emociones para conquistar a esa preciosidad que se llama Zizanie. El Mayor detrás de ella. Y ese crápula de Miqueut tan perfecto que sus imperfecciones mismas lo llevan al desastre interior, como aquel que dice. Que manía con dilatar con el verbo, el fraseo continuo, las cosas mismas que no exigían más allá de dos frases puntuales para decir con poco lo que no era menester prolongar! Y ese bombardeo del final y esos dos supervivientes debatiéndose en si el matrimonio es o no bueno mientras la ciudad escucha las bombas. Fue su primer libro según reza la contraportada, vaya pues que buen primer logro (ahora editada por Impedimenta pero publicada en Gallimard en 1946), y los años han pasado y esa surpriseparty todavía sigue floreciendo, se siente la música de esa fiesta, cómo se desenvuelven en ella los chicos conquistando. Me lo he pasado bien con esta historia (solo para los que quieren que su oído también, de cuando en cuando, se vaya de fiesta con estos muchachos y muchachas tan salidos y juguetones). Hay en el surrealismo de Boris Vian un tipo de coquetería con el idioma y sus partes que bien pueden los académicos tener en cuenta a la hora de indagar por qué una frase, una determinada construcción sintáctica, que aparentemente no dice nada o muy poco, esconde detrás de su inocencia una posible mina, muchas cosquillas, vueltas de tuercas que van y vienen sin saber en qué momento posarse para tocarte el humor y despertarlo si está dormido. Lléguense a sus territorios, y no solo se reirán, también sabrán reconocer porque se ríen aunque no sepan bien bien quien mueve a esas marionetas, ni si detrás hay más de un titiritero. Buen regreso el de Boris.




Ubaldo R. Olivero



sábado, 9 de octubre de 2010

Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain

Que gozo los asuntos y las coqueterías de estos dos! Eva es una cachonda, poco a poco lo va llevando al huerto, va encontrando el nombre de cada cosa, le va enseñando, y Adán que primero se resiste pero luego... Ya se sabe, luego resbala y cae y Eva se siente más feliz y dispuesta a todo. Me he reído como un río que no acaba de encontrar su orilla, porque si algo tiene esta narración del maestro Mark Twain (1835-1910), del padre del traviesillo Tom Sawyer, es que sabe colártela sin que te des cuenta pero cuando te das cuenta te preguntas cómo con tan poco (en apariencia, en apariencia) se puede conseguir muchos efectos, e ir del fino sarcasmo a la frase bien trabajada para moverte por dentro y percibir que una cosa es cuando vamos creciendo y aprehendiendo y otra muy diferente el golpe y las garras de lo aprendido, que te sirva o no ya es otra cosa. Lo malo es que de aquella primera Eva, como quien dice, hasta las Evas de hoy, ha llovido en abundancia, y han habido no pocos huracanes, y no pocas reivindicaciones, y no pocos logros, pero en esos diarios ya se ve que la famosa fuerza masculina es un poco tontorrona y que mejor esas Evas que nos guíen de un modo mejor que los Adanes que únicamente se amparan en modelos y modos poco recomendables. Me gusta esa Eva, y hasta ese Adán, y como me reí con ellos por la agradable prosa del maestro que se educó en varios oficios (a parte de aprender lo suyo en las riberas del Mississipi) pues que visítenlo, valen sus oros esas pepitas. Y si hay que morirse de risa por cómo Eva sabe entrar y salir de las tozudeces de Adán, pues murámonos carajo, que una muerte así no deja de tener, el fondo, una larga y eternizadora huella por aquello de los paraísos perdidos y todo eso. Hermosa edición y hermosas ilustraciones de Francisco Meléndez. Larga salud a ediciones Libros del Zorro Rojo. Vale.







Ubaldo R. Olivero



martes, 5 de octubre de 2010

Lejos de toda promesa

Para S. C.


¿Qué haremos si el corazón se duerme definitivamente?
¿Qué ídolos nos despejarán las tinieblas si le cierran todas las ventanas a nuestras noches cuando queramos diluirnos dentro de nosotros?
¿En qué rincón de nuestras tormentas interiores podremos descansar cuando todo se haya evaporado?
¿Qué luz será el faro final?
¿En qué dirección?
No sabemos nada y no lo sabremos nunca
porque no nos dejan tejer pacientemente nuestras miserias ni nuestras cobardías
y el sol, el oro de la oscuridad, el pájaro que aguarda nuevas mañanas para su nuevo nido
no se cansarán de gritar que ahí
en esa parcela de ambición que continuamente nos encadena
vive algo más que un sueño
dispuesto a convertirse en enemigo si no sabemos de qué fuente se alimenta ese sueño
y por qué tantas orfandades
y por qué.





G de H



viernes, 1 de octubre de 2010

... los gritos, los ecos, los colores.

Salve.
Así como a veces sobran los motivos, a este canto a los amores dispersos por el mundo (Colon incluido en la página 41), le sobra el Propósito, esa columna dórica que a modo de puente introductorio dice, o pretende decir, la intención del poeta que lanza su poesía contra el mundo y en su favor. O quizás no sobra y está demás el resto, eso nunca se sabe, pero en este librito nemoroso hay gemas, aquí o allá irradia una (como pelo canoso que provoca) y uno cree ver lo que ha de ver, o sospechar incluso lo que no. ¿En qué momento el Poema deja de ser poema para convertirse en Poesía? Eso tampoco se sabe, pero el artesano, en su humilde y bien pagado oficio, continúa cantando al amor y al desarraigo, más allá de que arraigue su canto, sus jeremíadas, es un poco así cuando estamos lejos de nuestras tierras, lejos de nuestras haciendas. El libro ya tiene sus añitos pero hay gemas plateadas que se mantienen, como esa de Setiembre, Siempre hay una maleza / para desprender el abrupto encuentro de dos / bajo el campanario de un deseo. Y he ahí, que a pesar de sus añitos, se publicó por allá por el cercano 2003, y aunque no sean todas hijas del tiempo que nunca ha de terminar, que se vuelve interminable, otras vuelven a reverdecer porque la intención del poeta fue devolverlas al mundo. Algunas quedan por el camino, haciendo posada y velando sus propias armas, otras fenecen, como ha de ser en su natural medio y en su fin no menos natural, como la vida misma. Vale.




Ubaldo R. Olivero


martes, 28 de septiembre de 2010

Mi Capitán

Que buenos amigos son cuando deciden ser tus amigos. Yo tenía uno cuando fiñe, allá en mi Lengua de Pájaro. Se llamaba Capitán. Le dije a mi madre que me mandara unas fotos para recordarme cuando yo era yo, ¿Cuándo realmente uno deja de ser uno para ser algo, alguien, que no se sabe muy bien qué es ni quién? Que triste. Me la mandó y vi a Capitán. Mi querido Capitán. Estamos los dos fotografiados frente a mi escuela Leopoldo Rey Sampayo. Poco antes de salir Capitán ya estaba allí, fiel, esperándome. De lunes a viernes fue fiel a esa fidelidad. Y si me sincero diré que no pocas veces le di su buena patada, y Capitán ahí fiel a mi amistad. Luego cuando me fui mamá decía que se iba para el puente que hay frente al colegio y allí se quedaba un rato sentado, mirando para el agua. Nunca más lo volví a ver. Cuando visité la isla por allá por el 2004 ya estaba enterrado. Mi hermano le había hecho una tumbita detrás de la casa, al lado del pozo, ahí nos pasábamos muchas horas, haciendo nada, filosofando en la nada. Y cuando iba por allá por lo de tío Cecilio, Capitán era el primero que se entusiasmaba con la idea de ir a buscar cocos, o naranjas,o ir a tumbar palomas con mi tirapiedras, porque yo cuando fiñe era un poco medio diablo. Y me gustaba serlo. Luego me fui y empecé a ser otra cosa, que ahora me confunde eso que soy porque en muchas cosas no me reconozco. Y Capitán ahí, fiel a donde quiera que yo trazara el rumbo. Fiel a su fidelidad. Le hecho de menos. Mañana llevaré la foto a un estudio para que me la amplien y pondré un letrero en la puerta "En esta casa hay verdaderos amigos que nada le temen ni le envidian a los amigos que se dicen verdaderos pero no son fieles a la fidelidad. Ay Capitán si ahora reaparecieras y vieras cómo está todo este mundo patas arriba ¿Te irías o te quedarías un tiempo de vacaciones? De verdad que me molestó mucho lo que le pasó al perro de La familia de Pascual Duarte, la novela de CJC, pero entendí al amigo que lo despachó al otro mundo.





Ubaldo R. Olivero



lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Puntos de apoyo para el mejor goce?


Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza

Saludos.
¿Que le agradecemos a un buen libro de narraciones? Que teniendo cada una su autonomía propia de algún modo unas y otras se hibriden, se encuentren unas y otras por vasos comunicantes bien tallados, hechos a su medida. Que nos hechice, que nos hable de ciertas cotidianidades que por parecernos insustanciales, sin sabor, no obstante tienen siempre una sorpresa que aguarda por nuestras inquisisiones, por el qué hay detrás. En este librito (creo que la primera edición ya salió en Buenos Aires, en Eterna Cadencia, una editorial de allá, creo, ahora estoy fiándome de la memoria) cumple las medidas higiénicas de no ofender al oído en la cadencia de su ritmo, está sembrado con minas pequeñitas a los que nos acercamos y basta que apoyemos un poco el pensamiento para que exploten dentro de nosotros y nos hagan detenernos en unas cuantas cosas. Se habla de la señora soledad, esa señora demasiado engreída que nunca quiere ceder y siempre permanece a la caza; se habla de ciertas metamorfosis que operan en las almas cuando malgastamos energías frente a según que programas de la televisión que idiotizan más que elevan (le peligro puede empezar de niño, luego más tarde las taras se manifestarán y los que se forrarán serán los sicólogos de pacotillas, las farmacias, el auge indiscriminado de ciertos libros de auto-ayuda que provocan enormes genocidios en el alma y el sosiego ¿terminará ese niñito por convertirse en algo parecido a una máquina? Pero la apariencia simple dice que no pasa nada en esas narraciones pero sí, pasan cosas. Muy logrado el desafío de Beatriz que fue a comprarse unos "lindos tacones violeta" para ... Bueno, ahí queda. Léanlo. Celebro su publicación.




Ubaldo R. Olivero

domingo, 26 de septiembre de 2010

¿Espías?

El edificio que tenemos en frente Sol y yo, es un edificio de militares. Andan por ahí unos cubanos que de cuando en cuando el volúmen de sus voces atraviesan cualquier pared y escuchamos. No queremos escuchar pero escuchamos. Por ejemplo, ayer estaba por terminar un libro de Alejandro Tellería (escritor peruano) y a mi oído lo asaltó esta perla,
"Oye chico, o se es comunista o se es capitalista",
y otro cubano (por el acento deduje que de algunas de las provincias Orientales de Cuba) se le sumó con esta otra,
"Mira, en los países capitalistas las cosas no son del estado y la gente se muere de hambre, eso es verdad". A lo que se le sumó un tercero (ese de acá de una de las Españas),
"Ustedes los cubanos lo que necesitan es una democracia".
Uno de los cubanos remató con esta tremenda filosofía,
"Oye, tu porque eres español, ¿eso no quiere decir que gobierna el pueblo?, porque quien manada en Cuba es el pueblo, chico, lo que pasa es que los españoles eso no lo entienden".
Madre de Dios, menos mal que me lo pasaba bien con El rey de la paja y otros cuentos, el librito de Alejandro Tellería.

Se publicó por allá por el 2001, en Perú, y sería bueno que saliese por aquí porque tiene muchas gemas interesantes. Buen ritmo, el oído se siente de fiesta y no deja de pensar el pensamiento. Anarquía a varios niveles de la buena. En libritos así uno se da cuenta, una vez más, de que las academias deberían salir un poco de las academias y darse una vuelta por ahí y no esperar doscientos años para legitimar un giro, un vocablo. Lo recomiendo. Mi amigo el poeta Alfredo me lo prestó, y la verdad, que lo pasé bien. Después de esas perlas que oí escaparse de la ventana del edificio de enfrente, me refugié en el humor, los diálogos picantes, los tornados verbales de El Rey de la paja y pude sobrevivir a los caribeños que se debatían en si democracia era o no, gobierno del pueblo. En fin, la cultura básica de allá de la isla da eso y da muchísimo más.





Ubaldo R. Olivero


jueves, 23 de septiembre de 2010

Colegio Oficial de Poetas

El conocido de un amigo me envió un correo y me preguntó que si me quería inscribir en el COP. El conocido de mi amigo es poeta y presume de poeta (lleva una Moleskin en el bolsillo de la americana, que se vea bien, que se ve bien). ¿Cuántos poetas hay en la ciudad en un radio de acción de cuatro kilómetros cuadrados más o menos? Ufffffffff, una barbaridad de poetas. Los poetas no me caen mal, sí me suelen caer bien, y gustar, los brillos de la poesía cuando esta desafía, tiene riqueza de vocabulario, riqueza de ingenio, abre más que cierra, eleva más que desciende, la poesía que no repite abusivamente según que fórmulas de la sacrosanta y bendita poesía de la experiencia. Lo que suele sentarme mal es esa falta de pudor de la que adolecen algunos/as (no pocos no, no pocos) mecanógrafos de prosas blandas, contaminadas esas prosas de millones de adjetivos y profundidades metafísicas, alteridades de vuelo bajo, yoismos yoismos yoismos. Y como si no bastara, cuando me encuentro con algún espécimen de esos, no le escasean perlas de este tamaño "No, mi poesía..." "A mi no me gustan las capillitas..." "Yo voy por libre y ..." Y resulta que como quien no quiere la cosa, das un garbeo por la ciudad y te lo encuentras con sus acólitos y sus pajes (estos también escriben poesía y tienen en la boca al flaco ese del pelo largo con estrías en la cara, uno de los poetas oficiales del Ateneu, ese que de cuando en cuando sale por BTV o El canal 33, o se le ve por ahí por los feudos del Ayuntament ¿En espera de la paga para continuar oficiando en su ministerio? Dios que aburrimiento! Le respondí al enviado de Brossa el Grande que no contaba en mis haberes con títulos que me amparasen de las malas lenguas, y de las tan traídas y llevadas normativas, y por desgracia no hablaba su lengua, que seguramente no me aceptaban en tan digno palacio. Que no importaba eso. Que con pagar una cuota mensual recibiría todos los meses donde se hacían lecturas y presentaciones, piscolabis, exposiciones, similares. Me dolió no poder complacerlo. Le dije que seguro no le faltarían candidatos huérfanos de padres oficiales que los representaran. El Colegio Oficial de Poetas seguro tendrá una larga vida pero llegará el día en que yo ya no estaré para degustar esos vinos tan exquisitos. Todo un honor.





Ubaldo R. Olivero

sábado, 18 de septiembre de 2010

Matadero Cinco

Salud!
En cada una de las páginas de la bien urdida y alumbradora novela de Kurt Vonnegut, Matadero 5 (primera edición 1969) uno puede a veces sentirse incómodo; no obstante, el peso de esa incomodidad no asfixia, no resulta excesiva, el corazón de las fealdades de la guerra late y fluye al mismo tiempo que la narración de los mundos de Billy Pilgrim por allá por Tralfamadore, el planeta donde se sabe el ayer y se sabe el mañana y los momentos que deberían imperar siempre son los momentos buenos, los momentos felices, de ser posible eso. Pero eso nunca será posible y las guerras, carroñeras que nunca dejan de volar a la espera, andan a la caza de los niños que sin terminar de serlo los lanzan a ser hombres antes de tiempo, en Dresde o donde fuera. Pilgrim viaja constantemente en el tiempo, puede salir de un tiempo y entrar en otro sin que su naturaleza física y sentimental se resienta, "aunque tenga un secreto y no sepa bien de que se trata".
Un hermoso canto a la desesperación, una cruzada tierna contra las invasiones inútiles, una coartada para indagar allí donde no sabemos por qué, el afán del poder para imponerse se mueve a su antojo más allá del fin y de los medios. Con humor, con energía limpia dentro de sus narratividades, con cortesía para callar lo que no está bien verbalizar porque advertimos que ha de alcanzarse algo pero no sabemos tampoco qué alcanzar ni cómo. "Cuando un tralfamadoriano ve un cadáver, todo lo que se le ocurre pensar es que le persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel momento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos". Buen libro, buena historia (con sus afluentes de antes y después de la Segunda Guerra Mundial), buen desafío a ciertas convenciones narrativas. De mucho mérito.




Ubaldo R. Olivero
cajimaya@gmail.com


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Tiempos breves


Salud!
Son asquerosas Sí, eso suelen considerar los mortales comunes que no es lo mismo que los comunes mortales, se sabe. La condición segunda ya viene dada, y poco se puede hacer. Mejor, tantos ya no cabemos en esta parte de la orilla.
Las cazaba cuando niño allá en mi Lengua de Pájaro, y hasta en la prisión de Playa Manteca creo que más de una vez nos zampamos algunas, el hambre puede eso, y puede más. Creo que aquellas palomas de mi niñez no estaban contaminadas de tanta ciudad y tantas porquerías.
A veces hasta las prefiero a otras almas vivientes que rondan por ahí. Y con frecuencia noto más poesía en esos bicharracos que en la invasión epidémica de hamburgueserías, y cafés de esos plastificados, y edificios nichos para que los mortales de a pie no estén forzados al sueño de soñar de forma vertical, que los hay, sí que los hay.
No, no me caen mal del todo. Molestan un poco pero como tanta gente que debería dejar de respirar porque ocupan espacios y oxígenos que bien podrían merecerlos otros/as con mejores caras e intenciones.
La hizo la fotógrafa catalana Roser Vilallonga por allá por el 2002, y mira por donde, me gusta. Le mandé una copia a mi madre y mi madre me preguntó con esa ingenuidad propia de una mujer de campo que ha pasado un tiempo breve por la escuela,
"¿Y no se las comen niño?"
"Por el momento no mamá, pero con esta crisis cualquier día la gente se lanza a la calle y no perdonarán nada, se comerán lo que sea".
Se quedó un momento en silencio y yo casi que alcancé a intuir lo que pensaba. Y heme aquí, recordando aquel tiempo breve, como el de mi madre fuera del aula, con su sabiduría de río natural que no termina de acabarse porque aguarda las lluvias que lo alimentarán.




Ubaldo R. Olivero
cajimaya@gmail.com


Le Chevalier de Sainte-Hermine


El caballero Hector de Sainte-Hermine (1058 pgas).
Alejandro Dumas (1802-1870)
Emecé Editores 2007

No nos asustemos, antes brindemos con alegría. Alejandro Dumas ha regresado porque nunca se fue. Alejandro Dumas siempre nos sabe llevar más allá de lo que un número no poco de páginas podrían disuadir de que desvelemos sus misterios. Hay un poco de todo y los/as que han leído El Conde de Montecristo, del mismo autor, podrán reencontrar en este grandísimo fresco de una parte importante de la historia de Francia, amores de difícil relieve, traiciones de muchos colores, voces que se rebelan y están dispuestas a cargar con el peso del mundo, como Atlantes salidos de las intrigas dentro y fuera de palacio... Mi amiga Antonia tuvo la feliz cortesía, una de las tantas que tiene conmigo de regalarme la novela, y en cuanto llegué a casa me puse a la tarea. Hace una hora escasa la terminé y me he quedado vacío y lleno, y en la frontera, si cabe, de ese vacío y ese lleno porque los libros de AD, ya sabemos, cuentan con el rigor poético de las grandes catedrales del espíritu aventurero, tan propio e bordado de insumisiones de las épocas de ayer. Ahora estoy por las nubes pero volveré de nuevo sobre esta novela herida-testamento, río de batallas, prosa con nervio, tan escasa hoy. Abstenerse los cobardes. Salud!



Ubaldo R. Olivero
cajimaya@gmail.com

La novela de G. Lo Presti


Ya lo sugerí, pero por si un día se la encuentran por ahí y la curiosidad todavía se mantiene. Es un libro hermoso con todo lo que de hermoso tiene la fealdad y la hipocresía de los Poderes. En fin, leerlo es mejor. Gracias.



Ubaldo R. Olivero

Venas abiertas

No importa. Ellos saben lo que hacen. Algunos/as caen en las trampas que tejen, y bueno, contra eso nada se puede hacer, o muy poco se puede, pero ya va bien ese poco. Si una obra no se puede defender lo suficientemente sola, es sospechosa de que la sustente y engrandezca algo legítimo, algo verdadero. Eso de adularse unos/as a otros/as para que la obra fluya, muy mal, muy mal. A uno le entran ganas de vomitar cuando ve esas fajas en ciertos libros que dicen lo Intenso que es lo que vine dentro, lo Emocionante y Original que es lo que lo que viene dentro. Dudo. Me pregunto cuantos elementos ajenos a la obra en cuestión alimentan y tratan de apuntalar lo que cae por si solo porque nada tiene, o muy poco que valga.
El dolor duele, y lo que duele de veras suele llegar allí donde no puede alcanzar ni el pobre artificio ni las adulaciones sin sustancia. Pero la impaciencia suele ser ama y señora y todos/as quieren hacerse notar de la forma que sea. Una miseria detrás de otra. Y conste que no soy pesimista, antes soy un pesimista activo, pocos quedamos.


Ubaldo R. Olivero

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El cazador recubierto de cascabeles

El cazador recubierto de cascabeles,
Mondadori, 1994
¿Para cuándo una reedición?

En la solapa interior, a modo de breve información sobre el autor de El cazador... brota este detalle cumpliendo una condena por "terrorismo de derechas". ¿Y esa información que importa? No importa nada, apenas un breve movimiento que puede detener a los lectores/as castrados por la tiranía de los prejuicios, los lectores/as que por pereza o poca paciencia, quieren mantenerse ciegos, o les conviene, o tienen otros motivos que navegan más allá.
El narrador de El cazador... hiere con su discurso de presunto loco (según el doctor y su hipocresía) porque verbaliza muchas verdades, y ciertas verdades duelen porque siempre están a favor del poder, lo amparan, y al poder no le interesa que se aireen, que se masifiquen, que la gente de a pie se despierte, eso podría ser peligroso y poco rentable para las arcas de dominios del poder. B, el narrador, se ha cansado y pasará al acto, ya dejó de ser un romántico pasivo, ahora quiere ser un romántico activo (un ejemplo claro: el paseo con la chica que cose y vive en frente de su casa). Su pesimismo tiene raíces profundas, y B decide no seguir la corriente de la mayoría, no quiere seguir alimentando con su Sí lo que bien puede salvarlo si a ese Sí lo sustituye por un No. Si muchas veces dijéramos No, quizás otros se sumarían y el poder perdería el efecto y la prepotencia que lo alimenta, eso es lo que B, el narrador de El cazador recubierto de cascabeles, grita, con todos sus ánimos heridos, porque su No vale tanto como el Sí de muchos aunque se quede solo y lo condenen. No le importa que lo condenen, el ya vivió en aquella parte dentro del yugo, ahora quiere vivir fuera del yugo, de ese gran Sí, y para ello el acto de gritar unas cuentas verdades ya le va bien.
Hermosa y dura novela. Hermoso desafío. Hermoso poema. Hermoso canto a la fecundidad de los que todavía tienen dentro semillas que plantar y jardines que atender. Me ha gustado. Como en su día me gustó El pabellón Nº 6, de Chejov; como en su día me gustó Rebelión en la granja, de George Orwell; como en su día me gustó Luz de agosto, de Faulkner; como en su día me gustó aquel rebelde lleno de imaginación y brío que salió al campo a luchar y desfacer entuertos porque quería que su realidad, la que vivía solo en los libros de caballerías, fuera menos pobre, y para ese paso tenía que pasar del acto de la palabra, a la palabra del acto, así de sencillo, a riesgo de lo que fuera. Acción, dice B, y se lanza. Los cobardes y tiquismiquis que se asbtengan de leer esta novela. El cazador recubierto cascabeles es solo para valientes y enemigos de La Máquina.


Ubaldo R. Olivero

domingo, 5 de septiembre de 2010

El rufián moldavo (Seix Barral)

Buenas noches amigas/os:
Bueno, no les voy a contar el argumento de esa muy trabajada y luminosa novela de Edgardo Cozarinsky. ¿Para qué? ¿Tendría sentido? No, creo que no lo tendría. Ustedes mismos pueden disfrutarla paseándose por sus 158 páginas. Pocas pero muchas. Se habla, entre otras perlas, de la triste causa de los judíos (siempre en escorzo y no tanto), se habla de una venganza que puede parecer hasta un asesinato pero no, es algo más que un asesinato y una venganza, es una liberación de alguien que actúa no solo en nombre de una comunidad siempre perseguida sino en nombre de su conciencia y lo que le debe a esa conciencia. Y el narrador que persigue la historia de ese autor de la obra, El rufián moldavo, se mete lo justo y moraliza poco, lo justo, pero uno como lector siente que debe cuestionarse cosas, no mirar para un lado como si no pasara nada, porque no es cierto que no pase nada, pasan cosas, y pasan cosas tristes y la novela lleva, sin forzar, sin forzar, pero por momentos uno no quiere continuar porque el corazón duele y se resiste. Y sin embargo uno sigue la historia y termina cansado que hechos así ocurran y miremos para otro lado como si nada. Me alegró leerla, no voy a mentirles. Y mañana mismo iré a buscar otros libros del autor porque sabe tocar con maestría allí donde solo una buena mano maestra y pensamiento claro y talento, sabe tocar y herir y curar. Y bueno, que bien sentí que no perdí el tiempo. Y que bueno ese homenaje discreto, fino, a cierta obra de CJC, sobre el asunto de unas lápidas que servían de mesa en un bar, no lejos del Hogar donde el narrador tenía la fuente de su curiosidad y dolor (¿esa cajita de zapatos era un símbolo dentro de símbolos?). Y esos nombres que dicen más que nombrar... lvov, Jassy, Tiraspol, Gdansk, Pécs, Czernovitz, Wroclau, Brody, Warszawa, Kastoria, Lemberg, Odessa. Entremos en "El rufián moldavo" sin miedo. No hay motivos para el miedo. Es una obra construida con sabiduría. Hay miedos que liberan y engrandecen.




Ubaldo R. Olivero


viernes, 27 de agosto de 2010

Visitas

para Soledad Astromujoff. TQM.



Me asomé y ya no quedaba nada. Kenia también se había ido para siempre. Le echaba de menos. Allá, lejos, entreveía algo que parecía una cometa ¿un espejismo? Todo estaba solitario, el esqueleto de la soledad se había materializado en todo aquello y a mis ojos le costaban resistir tanta desolación. Sentí que algo muy opresivo dentro de mi me asfixiaba, como si fuesen las garras de un saurio que desde una borrosa lejanía tiranizaba mi vida, y me decía que después de aquel vacío ya nada sería posible, que debía renunciar, que debía irme, que eso que creía parecerme el vuelo de una cometa no era más que una misteriosa señal, una invitación a marcharme muy lejos. Me sentí en el peor de los abandonos. entré y cerré la ventana. Creí que así me protegía de algo pero no sabía bien de qué ni por qué me pareció que cerrar la ventana era un acto importante en ese momento Intenté sintonizar la radio pero no pude. Aquella noche soñé con la cometa que me pareció medio ver en el horizonte. ¿Un espejismo? ¿Una forzosa invitación a marcharme también para siempre? Antes de acostarme me leí todas las cartas que Kenia me había enviado en los últimos cuatro años. En algunas de ellas noté mucho miedo pero al mismo tiempo la monolítica convicción de que prefería quedarse allí en Liberia hasta que todo terminara. ¿Hasta que la guerra se quedara sin ojos, sin armas, sin contendientes? Me costó dormirme después. No me dejaba el calor. Soñé con búfalos y el sitio por el que que corrían no lograba identificarlo bien. Había estado allí pero no lo reconocía. Cuando me levanté a las 8 y 35 de la mañana todo estaba oscuro, el día tardaba en nacer. Recordé el libro de Oriana Fallaci. Vietnam. 1967. Lo tenía conmigo y no me atrevía a volver a entrar en sus páginas. El día no acababa de nacer, lo noté por el pobrísimo amago de luz que se colaba por la rendija de la ventana. ¿Dónde estaría Kenia? ¿En que región estaba? ¿Había perdido su violín en el viaje? ¿En Liberia? ¿Por qué Liberia? ¿Por qué? No sé por qué lo pensé pero pensé que lo había extraviado en el viaje, que alguna ráfaga de viento se lo arrebató de las manos y lo había lanzado lejos y ella no podía alcanzar su amado violín. La bella Kenia. Bella en sus palabras y en sus gestos y bella en su compromiso de no abandonar Liberia hasta que la maldita guerra hubiera enterrado sus desesperanzas. El pircing de sus labios me dolía cuando veía sus fotos, y no tenía valor para pensar que un día la desterraría de mis primeros recuerdos, los de la isla, que alguna vez pudiera matarla dentro de mi, aquel paisaje que tenía enfrente me aprisionaba para que así fuera. No quería pero nada podía hacer para impedirlo. A mediodía la idea de abrir la ventana me tentó pero fui fuerte, me resistí, mi guerra y la guerra del deseo combatieron durante un rato pero finalmente se impuso el miedo y no me acerqué a la ventana. Tenía poca comida y pronto tendría que salir. Septiembre tardó mucho en morir.



Ubaldo R. Olivero
cajimaya@hotmail.com


miércoles, 25 de agosto de 2010

Eléctrico Ardor

Que decía el periodista Carandell, que nadie era de allí y todos eran de allí, y así los asuntos de la Villa y Corte, los asuntos de la Villa del oso y el madroño, rodaban mejor.
Había un señor vendiendo puntos de libros a escasos metros de la plaza de Santa Ana, y Soledad y yo nos acercamos a curiosear, y como el que no quiere la cosa, parla va parla viene, se coló el bueno de Galdós, que acaba de leerse, nos dijo, Fortunana y Jacinta, y el hombre se emocionaba cuando recordaba las andanzas de Juanito Santa Cruz y su tropa de amigos. Después de la fresca y fugaz travesía por algunos pasajes de los territorios del escritor, le compramos tres puntos. Las fotos de los puntos las había hecho el mismo y esas poesías que apuntalaban las fotos eran un poco representativas de aquellos tiempos de picardías y dimes y diretes, donde un guante aparentemente caído al azar, o una nariz poco amable con cierta estética defendida en el momento, o un chisme sobre cuernos en los entresijos de palacio, eran el alfa y el omega de la socarronería y los chascarrillos, y las púas de los Quevedos y los López y los Góngoras.
Había leído esa novela, muy lejos, muy lejos en el tiempo y el espacio y todavía muchos de sus pasajes se movían dentro de mí sin forzarlos a reaparecer.
Abejeaban gente paseo arriba y paseo abajo y el señor de los puntos que como el canario escribían pocos hoy por hoy. Luego le preguntamos por la parroquia de San Sebastián, “esa que tenía dos caras como algunas personas”, parafraseando al maestro canario hijo ilustre de Los Madriles, que ahora la parroquia estaba en obras, que ahí detrás estaba enterrado el bueno de Quevedo.
Nos pasamos por allí y percibimos el aroma del grande poeta que cantó a las prisiones interiores no menos esclavizadoras que las prisiones convencionales y conocidas,

Alma a quien todo un dios prisión ha sido
Venas que humor que ha tanto fuego han dado
Médulas que han gloriosamente ardido

Hasta me pareció sentir el alma de Fortunata ¿O era Jacinta y la memoria me urdía, pícaramente, una zancadilla acorde con los tiempos de antaño y no tan impropios de hogaño? Bueno, pues que me pareció verla y hasta escucharla hablándole al doctor sobre sus dolencias y sus soledades.
En la librería donde nos cobijábamos esos cuatro días, sabroso baño de cortesía de Alicia y Martín, habían muchos libros interesantes y ediciones que ya no estaban de moda en el sacrosanto y pujante mercado. Ediciones de aquel lado de allende los mares, (como cantaría el poeta), y ediciones de acá, y uno, como lector hambriento que nunca se sacia, pues detiene los ojos en ese Facundo de la bolivariana Ayacuho, o en esa edición de El siglo de las luces de la escasa de papel Letras Cubanas, o aquel otro librito, El juguete rabioso (en cuya portada figuraban unos puños detrás de unos barrotes, como queriéndose escapar el dueño de esas manos) leído y venerado ayer por los grandes del famoso boom, que ya venía de antes ese boom pero nunca está de más refrescar.
Ahí estaban en la edición de Pomaire mis dos amigas, las hijas de Galdós, tan buenas y tan vivitas como siempre, y volvimos a reencontrarnos tantos años después, y Madrid se me creció tan cautivador como hoy a pesar de los pesares de Fortunata ¿o era Jacinta? A pesar de la caída de Rubín. ¿Loco Maxi? ¿No loco? Y el santo de Feijoo, el santo de Feijoo en busca de espirituales compañías…
Ayer eran los vicios dentro y fuera del horno, los meandros de las picardías, el látigo de los inciensos y rosarios, la buenas costumbres y las cuidadas formas. Hoy no había cambiado mucho solo que las formas y los vicios llevaban otros nombres y otros apellidos, y quizás se publicitaba demasiado lo que sobresalía en su apariencia por aquello de faltarle la magia del contenido. Pero ya lo había dicho el doctor a Fortunata ¿o era a Jacinta?
“Porque en esta vida de perros que llevamos Fortunata, no hay peor desgracia que tener el corazón demasiado grande”.
En lo grande, si se sabe contener bien lo pequeño, no cabe nada porque cabe todo. Carandell sabía de esas cosas pues luego vino a ser otro hijo adoptivo de Madrid, la de muchos caminos y muchos cielos.



Ubaldo R. Olivero
cajimaya@hotmail.com