miércoles, 8 de septiembre de 2010

El cazador recubierto de cascabeles

El cazador recubierto de cascabeles,
Mondadori, 1994
¿Para cuándo una reedición?

En la solapa interior, a modo de breve información sobre el autor de El cazador... brota este detalle cumpliendo una condena por "terrorismo de derechas". ¿Y esa información que importa? No importa nada, apenas un breve movimiento que puede detener a los lectores/as castrados por la tiranía de los prejuicios, los lectores/as que por pereza o poca paciencia, quieren mantenerse ciegos, o les conviene, o tienen otros motivos que navegan más allá.
El narrador de El cazador... hiere con su discurso de presunto loco (según el doctor y su hipocresía) porque verbaliza muchas verdades, y ciertas verdades duelen porque siempre están a favor del poder, lo amparan, y al poder no le interesa que se aireen, que se masifiquen, que la gente de a pie se despierte, eso podría ser peligroso y poco rentable para las arcas de dominios del poder. B, el narrador, se ha cansado y pasará al acto, ya dejó de ser un romántico pasivo, ahora quiere ser un romántico activo (un ejemplo claro: el paseo con la chica que cose y vive en frente de su casa). Su pesimismo tiene raíces profundas, y B decide no seguir la corriente de la mayoría, no quiere seguir alimentando con su Sí lo que bien puede salvarlo si a ese Sí lo sustituye por un No. Si muchas veces dijéramos No, quizás otros se sumarían y el poder perdería el efecto y la prepotencia que lo alimenta, eso es lo que B, el narrador de El cazador recubierto de cascabeles, grita, con todos sus ánimos heridos, porque su No vale tanto como el Sí de muchos aunque se quede solo y lo condenen. No le importa que lo condenen, el ya vivió en aquella parte dentro del yugo, ahora quiere vivir fuera del yugo, de ese gran Sí, y para ello el acto de gritar unas cuentas verdades ya le va bien.
Hermosa y dura novela. Hermoso desafío. Hermoso poema. Hermoso canto a la fecundidad de los que todavía tienen dentro semillas que plantar y jardines que atender. Me ha gustado. Como en su día me gustó El pabellón Nº 6, de Chejov; como en su día me gustó Rebelión en la granja, de George Orwell; como en su día me gustó Luz de agosto, de Faulkner; como en su día me gustó aquel rebelde lleno de imaginación y brío que salió al campo a luchar y desfacer entuertos porque quería que su realidad, la que vivía solo en los libros de caballerías, fuera menos pobre, y para ese paso tenía que pasar del acto de la palabra, a la palabra del acto, así de sencillo, a riesgo de lo que fuera. Acción, dice B, y se lanza. Los cobardes y tiquismiquis que se asbtengan de leer esta novela. El cazador recubierto cascabeles es solo para valientes y enemigos de La Máquina.


Ubaldo R. Olivero

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