Están ahí, frente a un estante del FNC, y ella le dice agarrando un libro que se llama Paradero desconocido,
"Mira, este libro mola cantidad"
"¿Si? ¿Es policíaco?"
Ella,
"No, va de los nazis. Mira te lo puedes leer en quince minutos, se lee rápido. Te molará"
"¿Pero es muy corto no?"
"Ya pero es bueno y sencillito. Yo me lo leí de un tirón"
"Bueno me lo compraré. Si tú me lo recomiendas..."
Ese diálogo estúpido me sorprendió. Me pregunté si esos dos mequetrefes sabrían leer y qué entendían por leer. Me asusté. Estamos en manos de alimañas así. No me extraña que funcionen tanto los libros de autoayuda y según que programas en la televisión. Carne de cañón esos pobres.
Lo jodido de todo es que lo tienen demasiado fácil. Si les quitáramos la red que tienen debajo habría que ver si se arriesgan a ser funambulistas en esta jungla. No sabía que un libro fuera corto o largo dependiendo del número de sus páginas. Primera noticia. Que lástimas de que por todos lados esto esté lleno y rodeado por energúmenos de ese calibre que, los pobres, en el fondo no tienen la culpa de serlo ni de haber llegado hasta esa poco seductora orilla del río del vivir. Me siento solo y triste. ¿Qué podemos hacer? No se me ocurre nada. Mañana Dios dirá pero mientras tanto la lepra se extiende y va mutilando poco a poco muchas partes del cuerpo mental, de las neuronas que reclaman salud, de la poesía que todos, de una forma u otra, llevamos dentro.
Ubaldo R. Olivero