sábado, 31 de marzo de 2012

Tientos

Cuadricular, uniformar, homogeneizar; he ahí la cuestión. ¿Y los más? Carne de cañón, presas fáciles para los que pueden (por su dinero y por sus influencias) suprimir o añadir, elevar o hacer descender, premiar o castigar. Ahí queda. Y yo que creí que en Europa... la cultura, las aperturas mentales y todo eso. Mentira. Todo mentira.






Ubaldo R. Olivero

lunes, 12 de diciembre de 2011

Mejor con pelos

Me la encontré frente al Liceo. Estaba preciosa., arrebatadora.Con ese cuello tremendamente humano y al mismo tiempo bestia, animal, cuello de gacela, cuello para caer rendido y violentarlo una y mil veces, claro que sí.
"¿Que tal?"
"Yo bien y tú?"
"Ahí, currabndo en un bar del Gótico. Salgo echa polvo de trabajar pero voy tirando"
"¿Nos tomamos algo?"
Se miró el reló y de sus labios escapó ese,
"No sé... Tengo que descanzar hoy... "
Ese No sé desvaido cuando se tiene poco que decir y muchas ganas, cuando se tiene hambre, y por dentro la sangre pulsa, agrede, se manisfiesta como mismo se manifestó cuando aquel homínido de antaño se lanzó voraz sobre la moza tumbada bocarriba dentro de la caverna y lo esperó para espantar con sus gritos a los bizontes de la pradera, como aquel que dice.
"Anda mujer, hace tiempo que no nos vemos"
"Bueno pero solo una. Tengo que descanzar que mañana es fin y curro mogollón"
"No te preocupes"
El caso es que la última vez ella no se había depilado y la cosa quedó que cuando nos volviéramos a encontrar pues que nos íbamos a la cama como fuera. Le dije una y mil vecess que eso no me detenía, y ella que le sabía mal, que se sentiría sucia, que si esto que si aquello y lo de más allá pero sus ojos decían Tengo hambre, Lléname, Sáciame... Todo eso fue lo que vi aquel día.
Nos fuimos a un bar de la Plaza del Pi donde trabaja mi amigo Luis, de Perú. Es un bar un poco tristón pero la parte cálida del asunto la ponen mi amigo Luis, y Diego, su compañero, y cuando no es Diego ni Luis está el muchachote ese de Senegal, ahora se me fue su nombre de la cabeza. En fin... que birran van y birras vienen y en eso que me acuerdo y la tanteo. Ella dice que va un momento al lavabo y Luis me mira como diciéndome,
"Esta ya cayó. Ya es tuya"
Llega del lavabo y pide un chupito de Tequila, que para entonarse, me dice. Yo no acabo de caer pero al momento añade,
"Bueno, hoy no estoy bien porque..."
"No me importa". Me le adelanté.
"¿En serio que no?"
"Pues no. Además eso me excita muchísmo y hasta creo que tanta modernidad termina por matar ciertos instintos y plastificar"
"Eres un caso chico. Vamos anda, antes de que me arrepienta"
Y nos fuimos para su hermoso ático y desde allí nos entró la luna por la ventana y me sentí el más feliz de los cazadores cazados.


U. R. Olivero





lunes, 21 de noviembre de 2011

Cuestión de gaviotas

No ganó la derecha, que quede claro desde ya. Ganó la pecaminosa ignorancia. Y más que ganar la ignorancia ganaron ciertos programas de televisión de según que cadenas insulsas, ridículas, cuyos tertulianos y tertulianas no pueden hacerse visibles si no es dejando en los platós y similares los vómitos que salen de sus gargantas, "del cerco de los dientes", diría el bueno y santo de Homero.


Cuanta más ignorancia se expanda, mucho mejor, mejor se les manipulan y entretetienen con promesas a esos que van al estadio a gritar su jugador favorito. Siempre fue así (ya lo dijo el grande Juvenal en la Roma de ayer) pero hoy esos poderosos que acaban de ganar tienen a su favor el insulso dulce de la velocidad, las imágenes bobaliconas y a veces muy tristes en la pantalla, el traicionero gesto de prometer algo cuando en ese mismo instante su pensamiento vuela por otro páramo, que quedará Dios mío cuando ya hayan acabado de repartirse y zamparse todo el pastel y se vayan con su música de fondo a otro lugar para repetir la misma o parecida colonización. Que triste!


Y cuando pasen estos años de mandato correspondiente y los asuntos públicos no hayan prosperado en ningún sentido, los mismos votantes de ayer serán los que continuarán el juego de los nuevos Dioses que vendrán con sus millones de palabrejas promisorias, hasta que ya no podamos más y todo esto se haya ido pal carajo, como aquel que dice, y para entonces, el Kilimanjaro tampoco podrá llorar su nieve ni reclamar un escaño en la naturaleza pues ya será tarde. Sigamos durmiendo, es lo que nos merecemos. Y mientras tanto el avecita esa que tienen como logo, tan mona y libre por los cielos, habrá emigrado a otros continentes y para entonces quizás solo podamos percibir, como peligroso espejimo, una rapaz al acecho de un niño desprotegido por el hambre y la miseria como en la foto de Kevin Carter. Que Dios nos ampare.








U. R. Olivero


martes, 8 de marzo de 2011

La historia del constructor de puentes

Scott Waring ha perdido a su mujer. ¿Podrá Scott Waring recuperarse un día, de una vez y para siempre, de esa pérdida? La amaba, y como esos amores que aunque nos abandonen nunca nos abandonan, Scott Waring intentará atrevesar ese desierto del dolor al que lo han obligado la gente de la Gestapo, los de la SS al comienzo de la Primera Guerra Mundial, e intentará empezar de nuevo, intentará borrar el horrible pasado (pero nunca olvidarlo, eso nunca) al que los de la SS nazis lo han encadenado. Y lo conseguirá. Pero para conseguirlo ha de viajar mucho con él mismo, y más allá de sus intenciones por cerrar la herida. Scott Waring al final se convence de que los que nos hace verdaderamente fuertes y nos salva es empezar de nuevo, una vez más, porque mañana, como dice un amigo mío de una isla del Caribe, el sol sale mañana y nos alumbrará, y cuando llegue la noche de mañana, al día siguiente el sol volverá a salir. Y ahí estará esperándolo a Scott Waring, Janet. Y Janet querrá también olvidar lo que le sucedió a los 11 años en el campo de concentración de Dachau. Juntos comenzarán otro camino de liberación, otro camino de salvación, otro nuevo nacimiento. Hermosa y triste y grande historia de Howard Fast, el escritor norteamericano muerto en 2004, pero vino y se quédó para siempre con nosotros porque nos dejó sus obras. Obra importante La historia del constructor de puentes. Léanla. Entren en ella. Y cuando salgan de ella ¿creen que serán los mismos? No lo creo. Con las buenas obras sucede lo que con las aguas de un río, que pasan y ya son otras y nosotros otros y el río otro.
Ubaldo R. Olivero

jueves, 3 de marzo de 2011

Diálogos

Están ahí, frente a un estante del FNC, y ella le dice agarrando un libro que se llama Paradero desconocido,
"Mira, este libro mola cantidad"
"¿Si? ¿Es policíaco?"
Ella,
"No, va de los nazis. Mira te lo puedes leer en quince minutos, se lee rápido. Te molará"
"¿Pero es muy corto no?"
"Ya pero es bueno y sencillito. Yo me lo leí de un tirón"
"Bueno me lo compraré. Si tú me lo recomiendas..."
Ese diálogo estúpido me sorprendió. Me pregunté si esos dos mequetrefes sabrían leer y qué entendían por leer. Me asusté. Estamos en manos de alimañas así. No me extraña que funcionen tanto los libros de autoayuda y según que programas en la televisión. Carne de cañón esos pobres.
Lo jodido de todo es que lo tienen demasiado fácil. Si les quitáramos la red que tienen debajo habría que ver si se arriesgan a ser funambulistas en esta jungla. No sabía que un libro fuera corto o largo dependiendo del número de sus páginas. Primera noticia. Que lástimas de que por todos lados esto esté lleno y rodeado por energúmenos de ese calibre que, los pobres, en el fondo no tienen la culpa de serlo ni de haber llegado hasta esa poco seductora orilla del río del vivir. Me siento solo y triste. ¿Qué podemos hacer? No se me ocurre nada. Mañana Dios dirá pero mientras tanto la lepra se extiende y va mutilando poco a poco muchas partes del cuerpo mental, de las neuronas que reclaman salud, de la poesía que todos, de una forma u otra, llevamos dentro.
Ubaldo R. Olivero

martes, 1 de febrero de 2011

Anónimos?

Allá en Playa aprendí a tener, como aquel que dice, ojo de águila. Por un lado me obligó la terca necesidad, madre virtuosa que bien enseña, y en poco tiempo, lo que se ha de evitar aprender toda la vida pues tiempo no hay para tales menesteres.
Sea como fuere, sí que sobrevuelan por mi magín dos o tres nombres, Ana Margarita, por ejemplo, de la Casa de Cultura de Mayarí, que me mandó a Playa algunos libros y que siempre agradecí pues bien que esos libros me ayudaban a nadar contracorriente cuando se terciaba y me aburría. O a Soe, mi buena amiga de Cabal, que me decía "Mira, te dejo este libro. Cuéntame cuando lo termines qué te parece. Ya sabes que mi biblioteca la tienes abierta siempre" y me iba con el libro para la parte de la playa, debajo de las uvas caletas, y ahí me pasaba mis buenos ratos, de viaje, fantaseando por los nortes y los sures del mundo, que bueno era viajar sin moverte. Y al mismo tiempo afilaba mi lengua para cuando me tocara entrarle a las pepillas y rendirlas en menos de una hora, antes de que llegaran a la fiesta de la guagua de la música los otros buitres, vamos que como decíamos por allá "Oye socio, si eres rápido entonces puedes vivir en el oeste" y esos verbos que aprendía, en esas facilidades con ponerle a las palabras la música necesaria, me salvaron más de una vez, y eso no se puede pagar con nada.
Llegue hasta esas buenas amigas mi más sincero abrazo, y ojalá podamos vernos el año que viene si viajo a la isla. A ver si todavía se mantiene el Concurso de relatos Lengua de Pájaro. Obra humilde de mi gente de allá que me merece muchísimo respeto porque son capaces de con casi nada, hacer milagros de los buenos, de los que tampoco se pueden pagar, sí bendecir y estimular para que se mantengan ahí, en el yunque, como buenos forjadores. ¿Anónimos del todo? No del todo, más allá del ojo siempre hay otro ojo que nos ve y estamos a la par.
Ubaldo R. Olivero

viernes, 28 de enero de 2011

Cajimaya tampoco se acaba

En aquellos días yo también era dichozo, y cerca de casa pasaba un río. Un río un poco pobre de corriente pero nos entusiasmaba cuando crecía los días de lluvia (hay ríos que pueden crecer de otra forma, sí) y nos íbamos para el puente a lanzarnos desde ahí a sus aguas revueltas. Desde casa mamá me gritaba que tuviera cuidado, que no me lanzara, que podía poasarme esto y lo demás allá, pero es que mamá era un poco aspavientosa, solía exagerar. Años más tarde me acordaba de Daniel el Mochuelo en El camino, que no quería irse de su campo, de su gente, y comprendía bien sus historia porque se trataba de una historia que leía la mía, los libros buenos de verdad nos leen y se quedan en suspenso para que tu completes lo que a primer nivel nos parece que les falta, pero cuidado, suelen engañar no pocas veces, siempre hay algo más que nos tienta pero no sabemos bien de qué se trata. En aquellos días yo era feliz, hoy puedo reconocerlo abiertamente, lo reconozco abiertamente. Y no sé si hay algún lugar en el que uno pueda volver a vivir situaciones parecidas (no, no es pesimismo, de veras que no lo es), lejos un poco de esas vulgares tiranías y ruídos que infectan hoy el poco sosiego que uno intenta encontrar. No las mencionaré. Sabemos cuales son así que para qué mencionarlas. Bueno, escribo estas breves líneas porque ayer fui a cenar a casa de mi amiga Gemma y en algún momento sobrevoló cierta novela de cierto autor cuyo título parafraseo porque ese autor parafraseaba al autor de Adios a las armas y Un gato bajo la lluvia. En fin, que pensé "Coño, mi Cajimaya si me pongo tampoco se me acaba" porque allí fui rico porque fui pobre, y sobretodo fui feliz.
Ubaldo R. Olivero

martes, 4 de enero de 2011

Hatuey

Llegaron y le preguntaron si todavía creía en el hombre
y le enseñaron los leños muerto de la futura hoguera
y eso le dio miedo
pero vio alrededor todo lo que el hombre había hecho y se asustó aun más y creció su miedo
lo amarraron a un un poste
le mostraron una cruz y le dijeron que la besara para salvarse
y su miedo no le dejó mover los labios
ni el corazón
ni la sangre quería fluir por sus venas
ni su vida pasada volver a creer en el más allá.


Escupió con rabia en la cara del sacerdote.

Otro prendió los leños y la hoguera vivió
y él con ella.



G de H

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Navidades

Su Santidad, las Navidades, me incomodan un poco. No se trata de que la gente sienta necesidad (o la necesidad los necesite a ellos para que se dejen los pocos ahorros en menudencias y velas de poca navegación) de ganarse un trocito de paraíso, ni de que aquel o aquella que vivió en disgusto con la familia todo el año ahora encuentre el pretexto de trabajar esas arrugas, ni de que al humilde con escasos posibles que salta de metro en metro le echen una monedita en el vaso para el mínimo sustento, ni de que las cancioncitas de turno emocionen al más duro de cuore (o de oído) y ahora se ablande un poquitín, nada de eso. Es el montón de boberías que se venden y el millón de estrategias de los comercios y los anuncios donde salen caras de niñitos y niñitas implorando que muestres tus debilidades porque tu también eres humano y te diferencias de los otros animales con deferencias, y gestos de mucha fe, una migaja sobre otra. Y las luces esas con que infectan a la ciudad ¿No eran las mismas cuadriculadas del año pasado? ¡Uniformados de todos los países, uniformaos! Si su Santidad Jesús despertara (si de veras existió) dios, se llevaría un susto tremendo. ¿Se volvería a morir por segunda vez y el Poncio Pilatos de turno sería el Belén ese que han montado ahí frente a La Generalitat? Por cierto el otro día pasé y vi seis sillas en la famosa cena ¿se las robaron o la crisis permite el dos por uno y las otras son invisibles?
Ubaldo R. Olivero

jueves, 18 de noviembre de 2010

Zelda y Fitzgerald

Helos ahí tan románticos y tan perdidos, porque a veces para salvarse hay que perderse aunque nos pese mal y sepamos o intuyamos en las riberas que allá, al fondo de no se sabe qué, la ilusión de saber que defendimos un sueño está ahí y se mantiene. Y si el mismo sueño no cumple con su parte y nos convierte en sus eternos deudores, eso importa poco si detrás quedó la estela de lo que nuestro corazón esculpió (o intentó) más allá o más acá de la sombra de la época que nos tocó vivir.
Buen retrato de Kyra Stromberg (crítica, ensayista, traductora), conocedora muy avisada de la literatura en lengua inglesa. Buen retrato el de estos dos grandes artistas, estos dos grandes malabaristas de las palabras y el alchool y de la vida con sus miserias y sus riquezas del omnipresente sueño americano.
Amigos como el muy competente crítico Edmund Wilson, Ernest Hemingway, John Dos Passos, estuvieron ahí y lo vivieron. Fitzgerald se fue pronto, a los 44, y ella, Zelda, poco después, y de aquellos terremotos vitales, nos dejaron obras para más de dos vidas y mucho más diez. ¿Lo que nos queda? Seguir en sus libros y continuar aprendiendo de ellos. Lo demás es paisaje.



Ubaldo R. Olivero

sábado, 13 de noviembre de 2010

Lo que la música puede

La música, hasta cierto punto y a veces un poco más, puede alcanzar lo que el pensamiento demasiado correcto y en exceso rectilíneo, no puede conseguir. Si el cuerpo se mueve se mueven las ideas y viceversa. La música tiende a corregir (para el bien de nuestros flujos interiores) lo que de malo pueda haber en nuestro modo de comprender el mundo y nuestros modos de enfrentarlo. A ciertos poderes les interesa que la gente no discurra, o sea que sus ideas bailen, o sea que alguien, pacientemente y sopesando pros y contras, llegue a un punto determinado, cuestione cosas, niegue a una bandera para defender todas las banderas, como aquel que dice. La música es el ejercicio del interior para escapar sin huir, para dar el paso sin temer, para pensar que al otro lado no todo ha de ser oscuro porque no vemos la luz a un primer movimiento de los ojos, del pensamiento de los ojos. No son pocas las veces en que uno se siente perdido, como se sentían muchos por allá por la Edad Media, y necesita creer en que algo, por poco que sea, no está definitivamente perdido. Pero... ¿qué pasa cuando nos empeñamos en que las anteojeras nos impidan mirar para un lado y tratar de ver allí lo que en frente no se nos manifiesta? ¿Qué sucede cuando borramos y negamos los matices que componen el arcoiris de los detalles y creemos que no puede transformarse un hexágono en un círculo si pulimos un poco sus aristas? Pasa que las ideas del cuerpo y el cuerpo de las ideas no se encuentran y el río desaparece para imponerse como pantano. Y los pantanos ayudan poco a la hora de seguir el curso de una determinada corriente (la que sea) y suelen limitar sus límites y cuadricular el círculo. Somo hijos de Natura, madre no poco verdadera y menos legitima que la que nos trajo y nos amamantó cuando asomamos a este lado. Lo que Natura (o sea la música que en ella se manifiesta un día sí y otro también) no nos comunica, no nos pueden decir ni comunicar las rígidas posturas y envoltorios de ciertos poderes empeñados en que la gente tire del carro sin mirar para un lado ni para otro, y mientras tanto, la fábrica de maniquíes hace su agosto y las multinacionales influyen y hasta determinan. Recuerdo al poeta "Oh Roma / en tu grandeza / huyó lo que era cierto / solo lo fugitivo permanece y dura". O sea que bailemos para que discurramos y la música nunca deje de ser aquello que fue en un principio: ciencia del espíritu y altar y danza de las emociones. Lo que fue, todavía puede seguir siendo.




Ubaldo R. Olivero


martes, 9 de noviembre de 2010

La historia de Enrique

Se titula El escritor porno pero ya le dije a Enrique, su autor legítimo, que no llena ni alcanza ese título las páginas efervescentes de su historia. Son más de 300 páginas pero muy bien conseguidas. No sé por qué tengo la impresión que de mantenerse ahí, en el yunque, una palabra detrás de otra, y habiendo leído lo que ha leído, sus historias llegarán lejos. Y yo estaré ahí para disfrutarlo y brindar los dos, con Sol y Esther, lectoras inmensas y platas de buena ley, por aquella famosa generación perdida que se perdió para que nosotros la encontráramos, que sembró para que nosotros recogiéramos una buena cosecha, y de ser posible, y con mucho trabajo, sembráramos a su vez otras semillas. Ya Enrique sembró una y andan por ahí por su casa tres o cuatros historias que más tarde o más temprano llegarán a donde tienen que llegar. Y muchos lectores se sentirán que no lo han estafado con envoltorios llenos de brillantinas y bagatelas. La leí y me gustó mucho y sé que tendrá un buen viaje, de esos viajes que nos llevan y uno no sabe por qué ni cuándo se pierde aquí para encontrarse en otros lados, pero uno sabe y siente que se siente bien. Lucía, esa visiocilla de la novela, Darío el poeta, Alonso, el santo de Matías con sus buenas borracheras, porque Matías es un santo, si señor, un día llegarán a muchas casas y le darán calor, lo intuyo. Felicito al autor Enrique Castro, por ese feliz logro y en espera de otras cosechas dentro del Carpe Diem donde se mueven, entre trajín de bebidas y parroquianos vivos y siempre sedientos, Vanesa, la buena de Fuensanta allá dentro entre los fogones, Estrella... en fin, que ya los conocerán ya. Cualquier día se les cuelan en casa y yo me alegraré de que así suceda. Y Pedro edificará otras iglesias con palabras.






Ubaldo R. Olivero











miércoles, 3 de noviembre de 2010

Playa Manteca


A veces los más de 35 grados Celsius no nos dejaban tranquilos. Ese insoportable calor nos quería matar las esperanzas pero los libros nos ayudaban a seguir creyendo en ellas. Es cierto que no todos los que estábamos allí leían; algunos jugaban a las damas o a los dados, cuando había un tablero de damas o alguien sacaba de cualquier escondrijo un juego de dados, porque los dados estaban prohibidos y si nos agarraban jugando a los dados eso significaba casi un mes de castigo en la celda a una sola comida diaria y en ocasiones a horarios irregulares, era un modo de ablandar tu anarquía y someterte. A pesar de todo, aquellos años que pasé en la prisión de Playa Manteca, puedo considerar que fueron años felices, si podemos entender por felicidad que te asomas a tus abismos, sopesas tus fuerzas y resistencias, y te creces en serias dificultades, conoces el hambre, eres leal a tus amigos y ellos son leales contigo, aprendes a salir de ti más allá de los barrotes y la tiranía de los funcionarios de la prisión. Nos llevaban al comedor por un cepo metálico y nos daban poquísimo tiempo para comer, si comer se le puede llamar a engullir en unos escasos minutos, el poquito de arroz, o la cucharadita de maíz, o el trocito de dulce de membrillo que cuando menos nos lo imaginábamos nos daban como postre. Ese día era una fiesta para nosotros porque nos llevábamos el dulce de membrillo para el bloque y trocito a trocito íbamos engañando al hambre con vasos de agua y así hasta el nacimiento del otro día, como aquel que dice. Mi prima Elenita me llevaba muchos libros y con las lecturas de esos libros, de esas interminables novelas aprendía, como aquel que dice, un mundo de cosas, y aprendía también a evitar las millones de faltas de ortografía que tenía. Si digo que los libros me salvaron la vida, no digo mal no. Me la salvaron. Y aquí estoy, con esos fieles amigos desde ayer para siempre, y con la esperanza de que algún día no existan sitios como Playa Manteca, o Dos Bahías, O Kilo 7, donde pasé años difíciles. Menos mal los libros que me llevaba mamá, y los que me conseguía la prima Elenita. No sé que hubiera sido de mi allí sin esos lealísimos amigos. Ahora leo El sueño del celta y todo apunta a que Vargas Llosa se mantiene entre los más grandes de la narrativa de todos los tiempos. Salud!







Ubaldo R. Olivero










jueves, 28 de octubre de 2010

Papers de diari

Fueron bastante gente a la presentación del libro de artículos de Tomàs Arias. Y hubo risas porque fue una presentación de andar por casa, sencilla, como las pantuflas, que después de andar uno todo el día calle arriba y calle abajo va bien acomodar los pies en algo que refresca y tranquiliza, y así fue la presentación y los artículos que se leyeron, pues estos dilataron las expresiones, la hosquedad de algunos rostros que llegaron como preguntándose A ver qué nos van a contar estos. Y en efecto, los artículos que se leyeron tenían su guasa, y hacían pensar en que eso que aparentemente no decía nada porque eran textos como de andar por casa, sí decían sí. Para estos tiempos tan caros a dejar que las rigideces se relajen un poco van bien lecturas así. La seriedad constante no es buena consejera del mismo modo que tanto sol no es positivo para el cultivo sereno de las células grises. El amigo Tomàs se traslada con hábil facilidad de un tono menor, digamos, de un detalle nacido en casa, puertas adentro, a una imagen que sacude un motivo cotidiano, y que por nosotros obviarlo y quizás darlo por hecho con demasiada facilidad, se nos escapa su matriz, la semilla donde tal vez se originó, la mina en la que incubó esa cotidianidad que nos parecía, en un principio, sin importancia. Pero he aquí que el poeta Tomàs (Tomàs Arias es poeta) viene, se vale de una imagen sencilla y pinta con color y sarcasmo, una perla del día a día que nos parecía sin vida y sin relieve. Y para ello nada como la sencillez al escribir, en vez que generalizar y radicalizar con énfasis, ronda la posible fuente de una acto, el que fuere, de una noticia, la que fuere, y alcanza, de ser posible, algo de la luz que todo movimiento tiene por muy escondida que tenga esa luz y nos parezca que no porque a simple viste así nos lo parece. Matthew Tree pintó con magisterio las palabras y los gestos y no porque pensara en la costumbre que ya tiene frente a las cámaras (no sé si en esas lides continuará, no tengo tele) sino porque en cuestiones de abrillantar un detalle al muchacho le fluye bien y sabe lanzar la flecha sin perder el brazo y el arco. En fin, que me lo pasé de maravilla ese rato. Había por allí por la barra un plato con unas croquetas que a cada rato me provocaban un abordaje y no me lancé no, en otra estación será.








Ubaldo R. Olivero



martes, 26 de octubre de 2010

Siete maneras de vivir una historia

Abreviar aquí la historia no sería rendirle saludable justicia pues si un libro tiene 217 páginas bien medidas (medidas abiertas) es porque sencillamente conseguir ilustrar lo que narra valiéndonos de un aforismo, o un adagio, o una sentencia, es innecesario, poco añadiríamos y poco favor le haríamos a la santa bendición del libro y la hermandad de los protagonistas de la historia, a sus soles y a sus noches. ¿No comienza un buen libro allí donde terminan sus páginas? Los buenos sí, los muy bueno pueden eso y pueden muchísimo más y Siete maneras de matar a un gato tiene más de siete maneras de considerarlo no solo bueno sino excelentísimo ejercicio de narrar y provocar que uno sienta la poesía incluso cuando se hable de los más feo, de lo que nos envilece y nos hace caer, de lo que nos quita brillo y nos empequeñece. Se habla de los bajos fondos, de un territorio de muchas miserias, y por las noticias que da el Gringo, el narrador, uno siente las alturas de la poesía, y la cobija que la ley debería ofrecer y no hace, y la bendición de los desheredados que viven y aman en el corazón de la tormenta, por ejemplo en el bar del Gordo Farías, con su hijita de buen fuselaje y picarona, Yanina, donde el Gringo y la Yani, en ese capítulo erotísimo, "Como perro y gato", jugando a bautizar el mate con ginebra La Llave trascienden el hecho y ni siquiera el 38 que lleva el Gringo puede parar el terremoto de esa pasión que ya tenía su horizontes en otros cielos del deseo. El Gringo bien sabe que si no aprovechaba la ausencia del Gordo Farías mientras laburaba en el bar, la ocasión podía tardar. "El barrio, el hambre, el destino, el miedo... De alguno de esos brutos somos hijos. Y da lo mismo, son todos padres feroces" Jodida vida esa pero está la lealtad del Chueco y luego su redención con las hostias del plomo que se lo lleva; la lejanía en la mirada del Turco Zaid que vigila su perro en la pared, o el perro al turco; Y Mamina, paciente y cariñosa; Quique llorando a su hermanita pero confidente fortaleciéndose; y Toni y Cecilia ¿qué pasó entre Toni y la madre del Gringo?; y esa pelea última donde la gendarmería montará su carnaval de tiros mientras los de los bajos fondos, los pobretones felices en su vitalidad, se arman con lo que sea para defender su trozo de paraíso, el color de sus religiones y zonas, cada cual en su lugar y luchando por su merca y su poco de vianda para esperar el nacimiento del otro día. Vaya!, que buena historia, que bien contada y que vuelos alcanza en las metáforas para decir sin señalar lo que el lector medianamente atento capta con el rizo de las imágenes conseguidas, efectivas en su cómo y en su plasticidad. Tendrá una larga vida Siete maneras de matar a un gato, lo sé. Tiene todos los ingredientes para su triunfo a largo plazo. Para este lector, que se ha emocionado en muchos momentos, y en no pocos se ha reído con las burlas inocentes y no tanto a Moby Dick, y otros pasajes fuera de la ballena, la novela de Matías Néspolo ya figura entre sus libros preferidos como una obra de respetadísimo nivel y prestigio. Y no por lo que cuenta y como lo cuenta con admirable destreza sino por su sencilla humanidad sin descender a las cavernas de las moralejas blandas ni a la sociología que se viste de alpaca para venderse como plata de buena ley. En buena hora. La celebro.







Ubaldo R. Olivero





lunes, 25 de octubre de 2010

Un cuento hermoso

Yuko Akita ha cumplido su sueño. Ha logrado la perfección del sueño, la perfección del amor, si es que en el amor (palabra que odiaba y desterraba la gran periodista y escritora que fue Oriana Fallaci) pueden contenerse tales perfecciones. Suelen desbordarse tales perfecciones por caminos llenos de tinieblas, y de bondades extrañas y caprichosas donde lo que cabe e impera es el reto de conseguir llegar, de conseguir sonrojarse por el hálito que encierra una caricia, que oculta un beso en la mejilla, que impone un silencio más allá de su propio silencio. El maestro Soseki al fin encontró a la muer que un día perdió y se quedó con ella en ese cristal de hielo, descansando a su lado para siempre, joya sobre joya, poesía sobre poesía, sueño sobre sueño, ahí, en el cristal que ya la nieve no podrá empañar porque los dos amores han tejido su destino en los Alpes japoneses para el resto de la eternidad. Hermosa fábula. Fina transparencia de hechos que apenas se mueven dentro de la ficción pero que tocan, no enmudecen cuando no deben de hacerlo y sí en enmudecen cuando deben y lo exige la trama de Nieve. Hermoso cuento para leer cerca de un río, cerca de la persona amada, cerca de aquellos/as que alguna vez fueron parte de nuestro equilibrio como funambulistas en el corazón de una pasión que nunca quiso morir ni debió y sí cumplir ad infinitum su verdadero sacerdocio de mantenerse en el hilo de la felicidad (siempre por conquistar y ahí radica, digamos, su precioso diamante en bruto, siempre por conquistar) pendiendo del brillo de un poema, del filo de un haiku, del puente que tiende una pintura cuando está hecha con los pinceles que la realidad convencional no puede ofrecer. Librito para dormir al raso sin temor al frío, fueren los inviernos que fueren.







Ubaldo R. Olivero









viernes, 22 de octubre de 2010

Pulsiones (2)


No lo sabremos nunca

porque nuestros deseos y nuestras ambiciones no nos dejan verlo
y nos dice Deténganse un poco
pero no lo hacemos por las prisas
y no sabemos que hace mucho está enfermo
que ha envejecido sin motivo suficiente
sin compañía
sin causas de fondo
y al no detenernos cuando nos llama
lo estamos ahuyentando, diciéndole que se vaya
que no lo necesitamos
y eso no es cierto
al corazón le duelen esos ataques
y lo peor no es que se ahogue con dolor
lo peor es que su dolor nos dolerá después cuando nos despertemos
cuando comprobemos su ausencia
y no podamos vivir sin sus canciones
asesinadas por un Dios artificial.






Ubaldo R. Olivero


domingo, 17 de octubre de 2010

Graduación de 6º grado


A mi amiga Gemma Márquez, cerca del río


Ahí está mi buen amigo Ubo en su graduación de 6º grado. Se le ve feliz recibiendo su diploma de manos del maestro Canito, su maestro de matemáticas. En aquellos años era un diablillo, me dice con una sonrisa, brotándole pícara.
"¿Sabes?, cerca de casa pasaba un río y los fines de semana nos juntábamos unos cuantos para tejer y destejer montañas de travesuras en el río, ahí mismito al lado del puente, a un tiro de piedra de la casa del maestro Danilo, el de Historia, el que ves detrás. Mamá decía que cualquier día se levantaba con el moño torcido y me mandaba con papá. Yo quería que me mandara con papá porque con papá sería más libre de hacer lo que me diera la gana. Y así podía estar todo el tiempo con mis primos... En la playa de El Tiburón, por allá por Caval, y de cuando en cuando tratando de llegar a El Cayito a nado, el miedo era que por el camino nos sorprendiera un tiburón y no llegáramos y no lo contáramos de vuelta"
"¿Y el otro?"
"Ah, el otro es el maestro Abel, el de Física, si mal no recuerdo"
"¿Los viste cuando fuiste?"
"A Canito si, a los otros no porque se habían mudado y ahora viven en la provincia"
Mi amigo Ubo quiere volver pero no está seguro que de irse no le puedan complicar allí la vida. Los militares. Que lo militares tienen allí demasiado poder, dice. Lleva mucho tiempo fuera y ahora es el extranjero, el enemigo que se ha contaminado de las ideas y las materialidades del capitalismo, para mi amigo excesivas materialidades.
"¿Ves a la gente? No toda le gente claro, pero una gran mayoría. Algo dicen en sus expresiones y en su modo de mirar que están tristes. Y al mismo tiempo te dicen que no saben qué hacer, se les oye el grito pero ellos no pueden escucharse a si mismo porque los muchos ruidos de fuera y de dentro no les dejan escucharse, pero se sienten perdidos y lo saben aunque no sepan bien bien de dónde les viene esa pérdida. Yo creo que les falta tener un río cerca, eso ayuda"
"¿Te volverías?"
"Creo que sí"
"¿Para siempre?"
"Creo que sí"
"...
"Un río cerca es importante. Las ideas fluyen de otro modo, no se vuelven pantanos, no se convierten esos pantanos en tus enemigos. Un río ayuda a sosegarte, parece que no pero sí"
"¿Estás decepcionado de lo que te encontraste en Europa?"
"No, esa no es la palabra, por lo menos no para mi. Creo que me siento traicionado, y tampoco sé bien si es esa la palabra. Tengo ganas de volver y quedarme un tiempo largo por allá"
Mi amigo Ubo vino hace muchos años. Y le gustan los libros, sobretodo la novela del XlX, aquellas historias que competían con la realidad y la superaban y volvían esa realidad menos miserable, son sus palabras. Le dije que no se impacientara, que al final, todos los ríos llegan, de un color o de otro, de una corriente o de otra, pero un día llegan. Y se sonríe, como en la foto, como diciéndome,
"Bueno, me sentaré a esperar"




Ubaldo R. Olivero






sábado, 16 de octubre de 2010

Mi amigo Guzmán de Holguín


La guerra de mi amigo

No sé si mi amigo Guzmán de Holguín estará bien de la cabeza. El dice que habrá una guerra. Y que pronto. Le digo que no sea pesimista pero mi amigo insiste, que sí. Que quiénes se alistarán en esa guerra, le pregunté.
Me dijo el otro día,
"Mira, yo lo he soñado más de una vez y más de dos"
"...
"¿No me crees? ¿Te piensas que estoy loco? Pues te equivocas? No lo estoy. Está claro que pronto se lanzarán a la calle los que tienen posibilidades y los que no. Los que miran al sol y no le creen, y los que siguen creyendo que el sol estará ahí toda la vida. Los que se despertarán seguros de encontrar su plato vacío y los que no estarán seguros ni siquiera de encontrar el plato. Los que amurallen sus casas por temer, y los que ya no temerán a nada...
"...
"¿Me oyes? ¿Te piensas que estoy mal de la cabeza? No lo estoy. Lo he soñado muchas veces y lo estoy viendo. Falta poco. Tiempo al tiempo"
Me fui para casa creyendo que al otro día se levantaría menos alegre. No sé porqué lo pensé así, que se levantaría menos alegre y viendo enemigos por todos lados. Luego pensé en Bibiana. Bibiana decía cosas parecidas y esos mismos enemigos que creía ver por doquier un día le asaltaron la cabeza y la sedujeron para que se subiera al terrado y se lanzara al vacío con el DNI en las manos.
Me acosté pensando en mi amigo. ¿Sería la cantidad de cervezas que se tomó en El Pato Loco? Lo vi tomarse dos nada más. No sé, puede ser que tuviera otras cosas dentro, no sé. El caso es que últimamente estaba con esos ecos golpeándolos dentro y creo que no sabía cómo quitárselos. No sé si lo sabía, si era consciente de esos ecos. Llamé a Vero.
"¿Está bien?"
"Si, ¿pasó algo? Llegó y se encerró a escribir una carta, dijo que tenía que mandarla urgente mañana, a primera hora"
Pero ese día no llegó porque mi amigo no se despertó nunca. Al lado de las cuatro líneas que había escrito tenía el DNI. Transcribo esas pocas líneas en honor a mi amigo Guzmán de Holguín. Vero me ha dado permiso.
"Está cerca y como estamos dormidos no nos damos cuenta, y ellos, como no son bobos, se aprovechan de que estamos dormidos. Cuando llegue la hora nadie podrá distinguir a nadie porque será de noche y de noche todos los gatos se parecen. Y esa confusión les convendrá a los enemigos. Falta poco. Yo espero no estar cuando lleguen"
Y al otro día no amaneció. Vero me pasará unos cuadernos que dejó escritos.



Ubaldo R. Olivero





viernes, 15 de octubre de 2010

Pietro Aretino (1492-1556)


Caso X

para que follara a Giulia; mas su miembro desusado,
la mató de quebranto y de placer.
¿Utrum qué crimen se debe establecer?

Resolución X

Ergo, si es la polla la matona
no hay delito, y el mezquino,
en consecuencia, no es un asesino

¿Son de Pietro Aretino estas delicias? ¿No son? Según Mirko Visentin, que comenta los Dubbii amorosi y que según otro, un tal Larivaille, sino son suyos son de su escuela. Ahora que si se crea una buena escuela lo que hagan los alumnos, si bien hecho está y no desmerece en calidad y en desafíos, vale casi como si llegara de manos del mismo maestro. Lleno de grandes fantasías y entre pollas van y culos vienen, y frailes y adulterios ahí van las perlas que Pietro Aretino nos lanza, despojadas de todo artificio y llamándole al culo culo y a la polla polla y al coño coño, y todos sus versos en constante muda para anclar y quedarse dentro de la bahía del líquido (casi se siente, y ahí están las tintas de Perico Pastor, buenísimas) y hacer gozar dentro y fuera, como aquel que dice. Y que juzgue quien quiera que para eso la moral aquí no cuenta, antes cuenta el goce, la carne por la carne, el acércate que te la hinco monjita, así de sencillo. Declaraba por aquellos picantes años el bueno de Pietro "¿Qué más podría desear si con mi pluma y unas cuartillas me burlo del universo?" Bien hecho Pietro, bien hecho, y al que le duela, pues que le den un masaje y espere a calmar el dolor, esa gran fuente de sabiduría. Las 21 tintas (si no he contado mal) son una maravilla. Con trazos sencillitos no solo ves en escorzo lo que viene de frente, cuidado que si no te apartas, se te viene encima el hambre del hambriento con su sotana abierta y el alzacuello sin las rigideces de ningún Dios. Vamos que no únicamente estimula el oído del oyente, salta también la barrera el toro de las ganas y arremete con lo que se ponga por delante, vagina o polla. A la salud de esas octavas paganas llenas todas de benéficos paraísos.




Ubaldo R. Olivero